El 23 de septiembre pasado, el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF) ocupó los aeropuertos de Mekelle, Axum y Shire, detuvo al personal federal y por consiguiente fueron interrumpidos los servicios aéreos civiles.
Fuentes oficiales confirmaron la destrucción y saqueo de infraestructuras y recursos públicos, la militarización de escuelas y la participación forzosa de jóvenes, incluso niños, en los enfrentamientos del Frente con las Fuerzas de Defensa Nacional de Etiopía.
En declaraciones a Fana Media Corporation, residentes señalaron que el reclutamiento coercitivo de jóvenes por parte de este grupo, sumado a su constante impulso hacia el conflicto, provocaron graves penurias en comunidades que ya lidiaban con el hambre, el miedo y la angustia.
Afeworki Asgedom, uno de los entrevistados, confirmó haber sido reclutado a la fuerza por el TPLF y enviado al combate, además de su huida como la oportunidad que le permitió sobrevivir a lo que calificó como una campaña destructiva.
Denunció al grupo como opresivo y represivo, afirmando que no aportó ningún beneficio a la población de la región de Tigray.
Asgedom subrayó la importancia de fortalecer la cooperación con los esfuerzos del Gobierno federal para restaurar la paz en ese estado y se comprometió a contribuir a alcanzar ese objetivo.
Otra residente de Mekelle, Birhan Gebrecherkos, recordó las penosas condiciones que soportaron las comunidades, donde la población sufrió hambre y ansiedad mientras el TPLF reclutaba a la fuerza a jóvenes para la guerra. Según indicó, esta práctica agravó las dificultades que ya enfrentaban los habitantes.
Gebrecherkos recalcó que, desde entonces, regresó cierta calma a la capital y a otras zonas de la región tigrayana, y añadió que los residentes están dejando atrás un periodo marcado por el miedo y el sufrimiento.
También manifestó la disposición de la comunidad a colaborar con el Gobierno federal para garantizar una paz duradera y ayudar a reparar el daño causado a la población.
Por último, Teklay Mesle, otro residente, alertó que la insaciable búsqueda de poder del ilegal Frente de Liberación Popular de Tigary sumió a las comunidades en un sufrimiento innecesario.
Mesle recordó cómo el grupo envió a jóvenes —incluidos niños arrebatados a sus madres— a la guerra, sin tener en cuenta las penurias que debían soportar las familias comunes.
Indicó que la reciente retórica belicista del grupo intensificó la inquietud de la población, aunque añadió que Mekelle comienza ahora a disfrutar de un ambiente más tranquilo. Celebró el retorno de una mayor calma y que la situación se va estabilizando.
Consideró que alcanzar una paz integral y duradera requiere algo más que las iniciativas gubernamentales e instó a la comunidad regional y a todas las partes interesadas a asumir sus respectivas responsabilidades.
Los testimonios de los residentes ponen de relieve el costo humano de la movilización coercitiva y el conflicto, al tiempo que subrayan la importancia de la participación comunitaria y la cooperación de todas las partes para garantizar una paz duradera en la región de Tigray.
mem/nmr





