La escuadra local encontró en el poder de sus bates y la firmeza de su pitcheo los argumentos para inclinar un duelo de alternativas, decidido por un cuadrangular que encendió las tribunas y cambió el rumbo del encuentro.
Nathaniel Lowe abrió el marcador para Cleveland en el segundo episodio con un doble impulsor que llevó al plato a un compañero embasado por boleto, una primera estocada que puso a vibrar a la afición en las gradas del Progressive Field.
Los Rays respondieron en el cuarto capítulo, cuando Chandler Simpson conectó un triple al jardín derecho que remolcó dos carreras y volteó la pizarra, sembrando la incertidumbre en un choque donde cada lanzamiento parecía acercar o alejar la victoria.
Pero los Guardianes no tardaron en recuperar el terreno perdido y en la quinta entrada Petey Halpin desapareció la pelota con un compañeros en circulación, lograr la ventaja suficiente y desatar la celebración en Cleveland.
Desde el montículo, Gavin Williams sostuvo el pulso de los anfitriones durante cinco entradas, en las que permitió dos imparables y dos anotaciones, además de recetar nueve ponches para contener a una ofensiva floridana que había encontrado una grieta en el marcador.
El relevo se encargó después de proteger la diferencia con uñas y dientes, hasta que Cade Smith, quinto lanzador utilizado por los ganadores, retiró a los cuatro últimos bateadores, dos de ellos por la vía de los strikes, para sellar el salvamento.
Griffin Jax cargó con la derrota por Tampa Bay tras permitir cinco imparables y tres carreras limpias en cuatro entradas, una actuación que quedó marcada por el batazo decisivo de Halpin y por la incapacidad de los visitantes para remontar en el tramo final.
Con la serie ahora inclinada a su favor, los Guardianes convierten el impulso de su público en una ventaja tangible y obligan a los Rays a reaccionar, en una contienda que mantiene abierta la ruta hacia el título de la Liga Americana.
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