En entrevista con la Agencia Brasil, la presidenta de la Unión Nacional de Estudiantes (UNE), Bianca Borges, consideró que los comicios del próximo 25 de octubre trascienden la disputa entre candidatos y comprometen el futuro del país.
Manifestó que una eventual victoria del senador Flávio Bolsonaro, rival del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien busca la reelección, supondría riesgos para las instituciones democráticas y los derechos sociales.
Vemos no solo una elección en juego, sino verdaderamente el futuro de nuestro país en riesgo, declaró Borges, a favor de la permanencia de Lula en el Palacio de Planalto, sede del Ejecutivo, para fortalecer la democracia y la soberanía brasileñas.
Recordó que los estudiantes han participado históricamente en importantes movilizaciones políticas, desde la resistencia a la dictadura militar (1964-1985) y las campañas por elecciones directas hasta las protestas contra los gobiernos de Fernando Collor de Mello, Michel Temer y Jair Bolsonaro.
Según explicó, las recientes manifestaciones comenzaron en las universidades y sumaron después a estudiantes de la enseñanza secundaria y otros sectores de la sociedad, incluidos trabajadores y movimientos populares.
Borges precisó que entre las principales preocupaciones del movimiento figuran el financiamiento insuficiente de las universidades públicas, las dificultades económicas que enfrentan los alumnos de bajos ingresos para continuar sus estudios y la necesidad de ampliar la asistencia estudiantil.
También cuestionó la propuesta de Flávio Bolsonaro de transferir la gestión de las universidades federales del Ministerio de Educación a la cartera de Ciencia, Tecnología e Innovación, al advertir que esa opción podría subordinar la enseñanza superior a los intereses del mercado.
Defendió una universidad pública que combine enseñanza, investigación y extensión, y que contribuya a la formación profesional, el pensamiento crítico y la participación ciudadana.
Entre las demandas de UNE, Borges mencionó mayores inversiones en las instituciones docentes, el financiamiento federal de universidades estaduales y la meta de destinar el equivalente al 10 por ciento del Producto Interno Bruto a la educación pública.
Vinculó, además, las reivindicaciones juveniles con las demandas de la clase trabajadora, entre ellas el fin de la escala laboral 6×1 (seis días de trabajo y uno de descanso).
Según Borges, la movilización de los alumnos no debe concluir con las elecciones y llamó a mantener la organización de los estudiantes mediante asambleas, centros académicos y directorios universitarios.
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