En una carta abierta a los pueblos de América Latina y el Caribe, la Red advierte que con esa política hostil elevada a extremo máximo pretende someter la voluntad soberana de nuestros pueblos a los intereses estratégicos de los Estados Unidos.
El llamado califica de grotesca la conferencia de prensa del embajador estadounidense junto al terrorista Orlando Gutiérrez Boronat en la ONU, en torno a la pretendida detención de Raúl Castro.
Tal comparecencia expresa una concepción del mundo en la que la soberanía de las naciones, el derecho internacional y los principios de convivencia entre los Estados quedan subordinados a la voluntad de la potencia que se arroga el derecho de juzgar, sancionar y amenazar a quienes no se someten a sus designios, precisa.
La Red recuerda que desde hace más de seis décadas, el pueblo cubano soporta las consecuencias de un bloqueo económico, comercial, energético y financiero impuesto por Estados Unidos cuyo carácter extraterritorial agrava sus efectos y perjudica las condiciones de vida de millones de personas.
“Denunciamos este bloqueo como una política de castigo colectivo, inhumana e incompatible con los principios de solidaridad, cooperación y respeto a los derechos de los pueblos”, recalca la Red.
Sus consecuencias –agrega- sobre el acceso a medicamentos, alimentos, energía, tecnología y recursos indispensables para la vida cotidiana constituyen una agresión que no puede naturalizarse ni justificarse.
Y “su prolongación deliberada, frente al sufrimiento que provoca en la población civil, permite caracterizarlo políticamente como una práctica de carácter genocida”.
La agrupación solidaria repudia la política exterior encabezada por Trump y Marco Rubio como “una expresión de prepotencia imperial que amenaza la paz mundial y pone en cuestión los principios fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas”.
La utilización de amenazas, sanciones unilaterales, presiones diplomáticas y acciones coercitivas contra gobiernos soberanos no puede convertirse en una práctica aceptada de las relaciones internacionales, exige.
Tampoco pueden –exige- admitirse las intervenciones militares, las invasiones, las capturas o los secuestros de dirigentes políticos como instrumentos para imponer gobiernos, disciplinar naciones o apropiarse de sus decisiones soberanas.
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