Por Antonio Rondón
Si bien es cierto que más del 80 por ciento de los interrogados recientemente por la firma Elabe se muestra contrario al pillaje y al saqueo que vivió el país el 17 de octubre por elementos extremistas, las manifestaciones de protestas gozan de respaldo popular.
De hecho, el 24 de octubre desfilaron, en gran parte de los casos de forma pacífica, más de 400 mil personas, según la policía, y el doble de acuerdo con los sindicatos, incluidos más de 110 mil en esta urbe, muestra de que la protesta tiene una marcada y creciente fuerza.
En más de un mes y medio de demostraciones de los estudiantes de liceos, a los cuales se les unieron los universitarios, muchos de los dirigentes sindicales dejaron de ser una incógnita para convertirse en verdaderos actores de la política francesa.
Los ministros del Interior Laurent Nuñez y de Educación Nacional Édouard Geffray debieron tener varias rondas con dirigentes sindicales de liceos y universidades, a lo cual se unió el jefe de Gobierno Sébastien Lecornu, a quien muchos ven como detonante de las protestas.
Las anotaciones de Lecornu sobre la reducción de 54 mil millones de euros para el presupuesto de 2027 en gastos sociales, asistencia médica y congelación de jubilaciones sumaron, además, a los sindicatos, pero los estudiantes ya contaban con demandas de fondo.
Uno de los argumentos defendidos ahora por los educandos, más allá de exigencias del principio de poner fin a las aulas congestionadas, la falta de profesores y las condiciones de los liceos, es el futuro y perspectivas reales de los jóvenes.
Así, la desocupación en Francia golpea con más fuerza a la juventud. En 2025, el 19,8 por ciento de los galos entre 15 y 24 años carecía de trabajo, frente al 7,7, de toda la población activa, afirma el Instituto Nacional de Estadísticas y Estudios Económicos (Insee).
Para quienes terminan los liceos, seis meses después de concluir ese nivel, el 39 por ciento de ellos seguía sin empleo en 2024, cuando la crisis del carburante y la situación económica actual golpeaba mucho menos a ese grupo etario.
Además, el desempleo afecta al 10 por ciento de los jóvenes con estudios superiores, mientras que entre los titulados de máster de 2024, el 69,3 por ciento de ellos debió esperar 18 meses para contar con un empleo.
El discurso, de la mayoría de los dirigentes estudiantiles más bien tiende a la izquierda, con ideas de igualdad, repartición justa de la riqueza y garantías de su porvenir que el estado debería garantizar.
De acuerdo con el diario Le Monde, uno de los signos que más aparece en las manifestaciones juveniles es el de La Izquierda Insumisa (LFI) y ello para nada parece casual, comenta el rotativo.
Más allá de si los jóvenes están de acuerdo con el discurso político del líder de la LFI, Jean-Luc Mélenchon, y su lenguaje de confrontación, ese partido acompaña preocupaciones juveniles.
LFI consigue relacionar sus propuestas con problemas que muchos jóvenes franceses experimentan en su vida cotidiana, con temores sobre su futuro. De ahí que esa formación cuente ahora con un 42 por ciento de intenciones de voto de jóvenes entre 15 y 24 de edad.
Claro Le Monde recuerda que en 2022, el 52 por ciento de ese grupo etario acudió a las urnas, frente a un 69,3 por ciento de la población general.
Lo cierto es que el anhelo por una respuesta a cómo será el futuro de los jóvenes parece presagiar que la campaña de cierre de liceos y protestas de los estudiantes está de lejos de llegar a su final.
Por lo pronto, el dispositivo policial es fuerte (70 mil uniformados), como también lo es la voluntad de sindicatos y estudiantes de obtener, finalmente, una respuesta del Gobierno acorde con sus aspiraciones, que de ninguna forma quieren ver truncadas.
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