Durante una entrevista concedida a TV Brasil 247, DCM y Revista Fórum, el gobernante colocó el eje de su reflexión en la defensa de la democracia y en lo que considera una responsabilidad histórica de su proyecto político frente al escenario nacional.
“Hay un compromiso moral, ético, diría incluso cristiano, de no permitir que un fascista vuelva a gobernar este país”, expresó Lula al justificar el sentido de su eventual permanencia en la vida política.
El jefe de Estado insistió en que una posible candidatura para las elecciones del 4 de octubre próximo no responde a una voluntad personal, sino al contexto político del país.
“No se trata de que yo quiera un cuarto mandato. No siempre usted quiere el primero, quiere el segundo, quiere el tercero. Las circunstancias políticas y el momento coyuntural que usted vive deciden si usted va a ser o no candidato”, señaló.
Lula destacó además que el Partido de los Trabajadores deberá tomar una decisión formal sobre la candidatura en una convención prevista para el mes de julio, en la que se definirá si él será o no el aspirante de esa fuerza a la presidencia.
El mandatario afirmó que se encuentra en buenas condiciones físicas y políticas para continuar en funciones, aunque reiteró que la decisión final no depende exclusivamente de su voluntad individual.
Como soy un demócrata, el partido tendrá una convención y decidirá si será Lula, si no será Lula, si será otro, declaró.
En su análisis político, el presidente evocó distintos momentos de la historia brasileña desde el fin de la dictadura militar (1964-1985), y mencionó experiencias electorales y gobiernos anteriores como parte de un proceso de consolidación institucional con avances y retrocesos.
Desde el punto de vista económico, el presidente defendió los resultados de su gestión desde su retorno al gobierno en 2023, al señalar que el país retomó el crecimiento por encima del tres por ciento anual y amplió su presencia en el comercio internacional.
Según explicó, su administración busca combinar crecimiento económico con reducción de desigualdades sociales, e insistió en que el Estado debe priorizar políticas orientadas a la inclusión.
Lula también señaló diferencias con sectores del mercado financiero, al afirmar que su gobierno no se guía exclusivamente por los intereses de esa área, sino por las necesidades de la población.
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