La celebración litúrgica tuvo lugar en la Iglesia de San Ignacio de Loyola, de Roma, presidida por el cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral de la Santa Sede, quien pidió rezar para que “la amada tierra cubana pueda conocer días de mayor serenidad”, de concordia y esperanza.
En la ceremonia religiosa intervinieron el embajador de Cuba ante la Santa Sede, Leyde Rodríguez, así como el padre Vicenzo D’ Adamo, rector de la Iglesia de San Ignacio de Loyola, y el padre jesuita Massimo Névola, quienes se dirigieron a un amplio número de asistentes a este evento, de gran importancia en el contexto actual.
Entre los participantes se encontraban además el embajador cubano ante Italia, Jorge Luis Cepero; el diputado Miguel Barnet, reconocido poeta, narrador, ensayista y etnólogo de la isla, quien se encuentra de visita en este país, así como representantes de los cuerpos diplomáticos acreditados ante Roma y la Santa Sede.
Asistieron también integrantes de asociaciones de amistad con Cuba, miembros de la comunidad de nacionales de ese país residentes en Italia y otras autoridades religiosas, políticas y sociales de esta nación europea.
En sus palabras iniciales el padre Vincenzo D’ Adamo se refirió a la necesidad de elevar la solidaridad con Cuba, que hoy es víctima de una política agresiva del imperialismo norteamericano, con fuertes presiones económicas y el uso de la violencia.
A continuación, el cardenal Michael Czerny expresó que en esta misa “llevamos ante el altar del Señor los sufrimientos, las esperanzas y las expectativas del pueblo cubano, y lo hacemos con respeto, con sinceridad y con un profundo afecto por una tierra que custodia una historia rica en dignidad, cultura, sacrificio, fe y resiliencia”.
El prefecto del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral aseveró, en clara referencia a las presiones y amenazas que enfrenta Cuba, que “toda lógica de confrontación permanente corre el riesgo de agravar el peso que ya recae sobre las personas comunes, especialmente sobre los más pobres, los ancianos, los enfermos y los niños”.
Se refirió asimismo a la importancia de mantener la confianza cuando todo parece frágil y precario, pues “todo auténtico camino humano hacia la paz y la justicia requiere paciencia, discernimiento y valentía espiritual”.
El cardenal citó al papa León XIV, quien reafirmó recientemente que “ningún orden estable puede nacer de la fuerza de las armas ni de la presión que humilla a los pueblos” y que “el desarrollo humano crece, en cambio, a través del diálogo, del derecho internacional, de la cooperación entre las naciones y de la protección de la dignidad de todo ser humano”.
El padre Névola recordó en su intervención que “el Evangelio nos enseña que deben tomarse otros caminos, en lugar de los de la violencia”, calificó al bloqueo económico norteamericano contra Cuba como un verdadero asedio, y condenó las amenazas de invasión militar.
En las palabras finales el embajador cubano ante la Santa Sede agradeció en nombre del pueblo y del gobierno de la isla por esta misa, y enfatizó que su país es solidario, pacífico, soberano e independiente, y “no representa una amenaza a la seguridad nacional de ninguna otra nación”.
“Tenemos derecho a vivir en paz, sin amenazas de agresión militar, en respeto a la dignidad humana y sin obstáculos de ningún tipo para nuestro desarrollo económico integral”, enfatizó el diplomático.
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