La Comisión para los Asuntos de los Prisioneros y Exprisioneros explicó en un comunicado que aún permanecen tras las rejas 250 de ellos.
El organismo denunció que tanto la Policía como el Ejército de ese país encarcelan sistemáticamente niños y adolescentes palestinos como parte de sus políticas de arrestos masivos en los territorios ocupados.
Según datos oficiales, unos nueve mil 900 palestinos están en la actualidad encerrados en Israel, una cifra que no incluye a un número indeterminado de habitantes de la Franja de Gaza.
Esta semana la organización no gubernamental B’Tselem acusó a las autoridades penitenciarias de ese país de reducir las raciones de alimentos para miles de prisioneros palestinos hasta el punto de provocar hambruna.
En su cuenta en X, el Centro de Información Israelí para los Derechos Humanos en los Territorios Ocupados (B’Tselem) denunció que los testimonios de palestinos liberados confirman que más de una docena de instalaciones penitenciarias fueron convertidas en una red de campos de tortura.
Como parte de la campaña “se redujeron las raciones de alimentos hasta el punto de provocar inanición”, alertó.
B’Tselem afirmó que el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, está al frente de la estrategia.
Ben Gvir “aprovechó el horrible ataque dirigido por Hamas contra comunidades israelíes el 7 de octubre (del pasado año) para implementar su plan preexistente de pisotear los derechos humanos básicos y la dignidad de todos los prisioneros palestinos”, estimó.
La ong publicó días atrás un informe de 90 páginas que contiene los testimonios de 55 detenidos palestinos tras su liberación.
Los ciudadanos confirmaron los maltratos y vejaciones a las que fueron sometidos en esos centros, aseguró.
Titulado “Bienvenidos al infierno: La transformación de las prisiones israelíes en una red de campos de tortura”, el texto detalla el trato dado a los prisioneros palestinos desde el estallido del nuevo ciclo de violencia.
Cualquiera que traspase las puertas de esas instalaciones está condenado al dolor y al sufrimiento más intenso, deliberado y continuo, aseguró.
Entre los abusos citó agresiones sexuales, humillaciones, hambre deliberada, malas condiciones sanitarias, privación del sueño y la negativa a permitir el culto de los detenidos y la falta de atención médica.
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