La emigración comenzó de forma espontánea hace pocos días y la persistencia de los movimientos telúricos motivó a otras familias a optar por esta vía.
Según las autoridades de Akusekijima, mucha gente expresó su deseo de huir después del sábado, cuando un sismo de intensidad cinco fuerte en la escala japonesa, que califica con valores del cero al siete, sacudió este territorio del archipiélago nipón.
Varios habitantes abordaron un ferry rumbo a la ciudad de Kagoshima, para alejarse del estrés y el insomnio, problemas revelados a medios locales de prensa.
Además, explicaron que la tensión ni siquiera les permite dormir con tranquilidad pues los temblores interrumpen cualquier rutina y la magnitud del peligro es incalculable.
Más de un millar de sismos en menos de dos semanas alteró la vida de esta isla, ubicada en la prefectura nipona de Kagoshima, y la Agencia Meteorológica de Japón no descarta que puedan ocurrir otros movimientos telúricos de seis grados de intensidad, como uno acontecido el 3 de julio.
La ansiedad parece dominar el ánimo de los pobladores, pese a no reportarse daños ni heridos -desde el 21 de junio hasta el momento- en la región, una de las zonas sísmicas más activas del mundo.
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