El portavoz de la Cancillería, Guo Jiakun, señaló que esta colaboración entre Estados no debe socavar la paz y la estabilidad regional.
Recordó que el militarismo japonés invadió Filipinas durante la Segunda Guerra Mundial y perpetró crímenes contra su población y fuerzas aliadas, así como asesinatos de funcionarios diplomáticos chinos.
Subrayó que esa historia debe ser recordada y que tales crímenes no deben repetirse, al tiempo que indicó que países del Sudeste Asiático y la comunidad internacional han expresado críticas persistentes sobre las tendencias de seguridad de Tokio.
Apuntó que japón no muestra moderación y, por el contrario, refuerza su armamento y exporta armas letales, lo cual, dijo, revela intentos de remilitarización.
Guo expresó que los países y pueblos amantes de la paz deben oponerse firmemente al resurgimiento del militarismo japonés y salvaguardar la estabilidad regional.
Japón y Filipinas, ambos aliados de Estados Unidos, han intensificado su cooperación en materia de defensa en los últimos años, en un entorno regional marcado por disputas territoriales y un aumento de la presencia militar extranjera en Asia-Pacífico.
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