Con una primera presentación la víspera, la historia parte del encuentro amoroso entre dos jóvenes de diferentes realidades sociales, ambientada en un balneario popular cercano a La Habana, donde los temas musicales se convierten en pretextos para abordar problemáticas que generan tensiones y emociones entre los personajes, sus roles y el cuerpo de baile.
El actor Johann Ramos, uno de los asesores escénicos, explicó que el eje fundamental del espectáculo, estructurado en dos actos, es la danza, pero la actuación también tiene una fuerte presencia.

La obra dialoga con diferentes géneros musicales, como el son, la rumba, el chachachá y el reparto e incorpora además elementos característicos del ambiente de las playas habaneras, como la 400 (guagua, autobús), los puestos (kioscos) de bebida y comida y las señoras con sombreros veraniegos tomando el sol en las tumbonas.
El colectivo artístico, dedicado a la investigación y creación de danzas y músicas folklóricas cubanas y foráneas, presentó un viaje musical y coreográfico que explora asuntos tanto cubanos como universales.

Integrada por 15 bailarines, la función contó con las actuaciones especiales de Kiiram Gutiérrez y Onaliy Rojas Sauchay, junto a la cantante Simone Rice, en una coreografía colectiva de Gaby Pérez Quintero, Guille Espósito y el propio director Acosta.
El espectáculo contó con el auspicio del Ministerio de Cultura de Cuba, el Consejo Nacional de las Artes Escénicas, la Asociación Hermanos Saíz, el Centro de Danza de La Habana y la Universidad de las Artes, institución a la que Qvo Vadis se vincula mediante acciones de extensión y desarrollo artístico.
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