La isla ardió bajo el impulso del corredor italiano del Team UKYO, que convirtió la brisa marina en aliada y el asfalto en territorio de conquista. A 60 kilómetros de meta, en las rampas hacia Villanova-Monteleone, comenzó a escribirse la emboscada definitiva.
Fue su compatriota Filippo Zana, del Soudal Quick-Step, quien encendió la mecha con un cambio de ritmo seco, casi insolente. A su rueda saltaron Garibbo y el también italiano Gianmarco Garofoli, igualmente enrolado en el Soudal Quick-Step. El español Urko Berrade, del Equipo Kern Pharma, leyó el movimiento con sangre fría y se aferró al vagón de los elegidos.
Por delante resistían los últimos restos de la fuga inicial, entre ellos el panameño Roberto González, que había desafiado al viento desde la salida, pero el esfuerzo acumulado fue un lastre imposible de sostener cuando el cuarteto perseguidor desató la tormenta.
El entendimiento fue tácito y brutal: relevos cortos, miradas cómplices, una cadencia que parecía latir al unísono. El pelotón, siempre a menos de un minuto, osciló entre la amenaza y la resignación, incapaz de cerrar la herida abierta en el corazón de la carrera.
En Bosa, tras 189,5 kilómetros de desgaste y estrategia, Garibbo lanzó su ofensiva final con la precisión de un esgrimista y cruzó la meta en 4:39:09 horas, por delante de Zana y Berrade, ambos con el mismo tiempo, mientras Garofoli completaba el póker de privilegiados.
La clasificación general refleja ya la jerarquía naciente: Garibbo líder, Zana a cuatro segundos; Berrade, a seis; y Garofoli, a diez, en un tablero donde cada bonificación pesa.
Mañana se disputará la segunda etapa entre Oristano y Carbonia, sobre 136,2 kilómetros, un recorrido más corto pero propicio para nuevas emboscadas en el sinuoso paisaje sardo.
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