Durante un discurso pronunciado antes de la misa de Pascua en la localidad de Bkerke, el mandatario subrayó que el Estado libanés se ha centrado en preservar la paz civil en medio de un conflicto que calificó como ajeno a su control.
Aoun reiteró que la estabilidad interna constituye una “línea roja” y advirtió que cualquier intento de socavarla favorecería a Israel. En ese sentido, aseguró que no existen indicios de una guerra civil, al considerar que la población es consciente de la situación.
El presidente indicó que continúan los contactos con países aliados para presionar a Israel a detener las hostilidades, al tiempo que reiteró la prioridad de poner fin a la violencia y la destrucción.
Desde el 2 de marzo, la ofensiva israelí contra Líbano ha causado mil 422 muertos y más de cuatro mil 200 heridos, además del desplazamiento de más de un millón de personas, según datos oficiales.
En otro orden, Aoun abordó la situación del embajador iraní en Beirut, al señalar que no cuenta con reconocimiento oficial por no haber presentado credenciales, tras la decisión de declararlo persona non grata y exigir su salida del país.
La medida fue criticada por el movimiento Hezbolá, que la calificó de contraria a los intereses nacionales y resultado de presiones externas.
La escalada en Líbano se inscribe en el contexto de la confrontación regional entre Israel, Estados Unidos e Irán, que ha intensificado los enfrentamientos y ampliado el alcance del conflicto en Oriente Medio.
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