De acuerdo con la investigación, también por iniciativa del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) y el Banco Mundial, en términos proporcionales, uno de cada tres menores de edad vive en pobreza, mientras que uno de cada seis enfrenta pobreza extrema.
El informe denominado “Pobreza infantil en Panamá: un abordaje territorial de la pobreza monetaria en la niñez y la adolescencia”, señala además que la pobreza infantil supera en 13 puntos porcentuales a la pobreza en la población total, evidencia de que la niñez sigue siendo el grupo más vulnerable dentro de la estructura social de la nación istmeña.
La muestra indica además que la mayor incidencia de pobreza se concentra en la primera infancia, especialmente entre los 0 y 6 años, etapa que expertos catalogan como decisiva pues en ella se define gran parte del desarrollo físico, cognitivo y emocional.
De otra parte, subraya que el indicador tiene un fuerte componente territorial. En regiones como las comarcas Ngäbe-Buglé, Guna Yala o Emberá-Wounaan, más del 80 por ciento de los niños viven en pobreza, y más de la mitad en pobreza extrema.
Según estadísticas oficiales, la niñez indígena enfrenta niveles de pobreza que duplican o incluso cuadruplican los del resto del país. Además, el 60.7 por ciento de los niños en pobreza extrema pertenece a pueblos indígenas, a pesar de representar una proporción mucho menor del total de la población infantil.
La combinación de factores —territorio, acceso limitado a servicios, condiciones económicas y exclusión histórica— crea un círculo difícil de romper, agrega el estudio.
Aunque Panamá logró reducir la pobreza durante años, el deterioro más fuerte se registró después de 2019, con un impacto significativo reflejado en 2021, debido al impacto de la pandemia de Covid-19.
De acuerdo con la serie histórica (2005–2023), presentada en el informe, el año con la mayor incidencia de pobreza general en Panamá fue 2006, cuando alcanzó un 38.3 por ciento.
En cuanto a la pobreza extrema, ese mismo año también registró el punto más alto con un 22.2 por ciento. Desde entonces, la tendencia ha sido generalmente descendente, aunque se ha estancado en años recientes.
Para la titular del Mides, Beatriz Carles, la evidencia presentada permite comprender con precisión la magnitud de la pobreza infantil, así como las brechas territoriales y sociales que persisten, especialmente en zonas rurales e indígenas.
Mientras que la representante de Unicef en Panamá, Sandie Blanchet, indicó que la pobreza afecta negativamente el desarrollo cognitivo, físico y emocional de los niños y no se limita a la falta de ingresos. Se traduce en menos oportunidades, menor acceso a servicios de calidad y mayores barreras para el desarrollo integral de esa población.
Entre las medidas concretas propuestas por esas instituciones para atender el complejo panorama sobresale ampliar la cobertura y los montos de los programas de transferencia monetaria existentes, asi como mejorar la focalización, para que los recursos lleguen realmente a los hogares más vulnerables .
También sugieren implementar políticas territoriales, fortalecer servicios sociales multisectoriales y desarrollar estrategias de protección social integradas por cada región y considerar no solo a los hogares, sino también su entorno.
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