Por Fausto Triana
Pablo Marín, un canterano de 22 años, y sobre todo el portero suplente Unai Marrero, fueron cruciales en el desenlace del partido, que terminó con empate a dos goles en la prórroga en el estadio La Cartuja de Sevilla.
Marín anotó el tanto de la victoria, para un 4-2 definitivo en la tanda de los 11 metros. Pero antes, Marrero logró parar dos penales, nada menos que al noruego Alexander Sorloth y al argentino Julián Alvarez.
«Sabía que si llegaba el momento de los penaltis, confiaba mucho en mí. El equipo también creía en mí, toda la afición también. Estoy muy feliz, no me lo creo todavía», declaró Marrero a la prensa.
“Estamos disfrutando de estos momentos, creer, soñar. El chico que soñaba de pequeño ha logrado un sueño», añadió.
El partido, presenciado por el rey Felipe VI, quien entregó la Copa al conjunto de Donostia (San Sebastián), arrancó con una sorpresa: gol de la Real Sociedad antes del primer minuto, por remate de cabeza de Ander Barrentxea.
Luego, el conjunto donostiarra se relajó un poco y permitió que el Atleti del Cholo Simeone tomara el dominio de encuentro. Así llegó la igualada del nigeriano Lookman a los 18.
Sin embargo, antes del descanso un choque del arquero argentino Musso con el portugués Gonçalo Guedes, fue decretado penal, que cobró con acierto el capitán Mikel Oyarzabal de la escuadra txuri-urdin (como llaman a la Real Sociedad), a los 46 minutos.
El complementario fue prácticamente un monólogo de los colchoneros, poco acertados en la finalización de las jugadas, hasta que llegó un remate de zurda de Julián Alvarez a los 83 minutos para el 2-2.
Los 30 minutos de tiempo extra fueron muy parejos, en particular el primer segmento, con una segunda parte en la cual los dos equipos no quisieron arriesgar demasiado.
El entrenador estadounidense de origen italiano de la Real Sociedad, Pellegrino Matarazzo, entró en un terreno peligroso y desconocido: tanda de penales sin sus dos estrellas en ataque, Oyarzabal y Guedes.
Sin embargo, la actuación de Marrero y la precisión de los lanzadores, salvo el islandés Oskasson, permitieron, por tercera vez en su historia, alzar la Copa del Rey a la Real Sociedad.
Un fracaso para el Simeone, que intenta recomponer una temporada en la cual le resta otro torneo mayor, la Champions League, ya clasificado para semifinales.
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