La víspera, el Consejo de Gabinete aprobó un decreto que autoriza la importación de 90 mil quintales del grano, bajo un contingente arancelario por desabastecimiento.
De acuerdo con el comunicado oficial, la medida permite el ingreso de café oro hasta el 30 de septiembre de 2026 con un arancel de tres por ciento, bajo la condición de que sea utilizado como materia prima.
La decisión fue adoptada luego de una reunión de la Cadena Agroalimentaria de Café, celebrada el 5 de marzo pasado, en la que participaron productores, intermediarios, exportadores, tostadores y autoridades.
El análisis de la producción correspondiente al periodo 2025-2026 y el comportamiento de las exportaciones e importaciones concluyó que no habrá suficiente café oro para cubrir la demanda de la industria procesadora.
Según el propio Ejecutivo, el objetivo es “solventar el déficit existente sin afectar la producción nacional”, en un contexto en el que la cosecha del presente año agrícola ya fue adquirida en su totalidad por la industria local.
También en julio pasado, recuerdan varios informativos como los diarios La Prensa, La Estrella de Panamá y el canal de noticias TVN, el Ejecutivo aprobó una medida similar, también por la importación de 90 mil quintales, ante un escenario en el que la producción nacional —estimada en 148 mil quintales— resultaba insuficiente frente a un consumo anual de 230 mil quintales.
Ese déficit estructural, cercano a los 80 mil quintales, refleja problemas persistentes en el sector, asociados a la falta de mano de obra y otros factores que han reducido la capacidad productiva en los últimos años.
En paralelo, el Gobierno mantiene una política de protección al café tostado nacional, por lo que decretó el pasado 14 de abril la prórroga por seis meses adicionales las medidas de control a la comercialización de este producto, vigentes desde 2021.
La prórroga busca, según las autoridades, “garantizar el desarrollo de las relaciones comerciales internacionales del Estado en un marco de certeza y previsibilidad”, al tiempo que protege los intereses del mercado interno.
En el istmo, el sector cafetalero involucra a más de siete mil trabajadores y genera cerca de 230 mil quintales anuales, lo que lo convierte en un componente relevante de la actividad agropecuaria y de la canasta básica familiar.
Economistas estiman que el uso recurrente de instrumentos como contingentes arancelarios por desabastecimiento y prórrogas de control plantea interrogantes sobre la efectividad de las políticas públicas para fortalecer la producción nacional.
Mientras se permita la importación de materia prima para sostener la industria, es restringido el ingreso de productos terminados como el café tostado, en un intento por equilibrar el mercado.
Este doble enfoque —apertura para la materia prima y control para el producto final— busca evitar el desabastecimiento del grano sin afectar a los productores nacionales. No obstante, también evidencia una dependencia creciente de las importaciones para suplir la demanda interna.
En ese escenario, según los criterios más optimistas, el sector cafetalero deberá aumentar su productividad y reducir su dependencia de factores externos, mientras el Estado mantiene un delicado equilibrio entre proteger a los productores y asegurar el suministro para la industria y los consumidores.
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