Agramonte y el símbolo de soberanía en Cuba

Camagüey, Cuba, 11 may (Prensa Latina) La figura de Ignacio Agramonte y Loynaz vuelve hoy al centro de las evocaciones históricas en Cuba, cuando se cumplen 153 años de su caída en combate en los potreros de Jimaguayú, hecho que todavía despierta estudios y análisis entre especialistas camagüeyanos.

Considerado uno de los símbolos mayores de las guerras independentistas cubanas, El Mayor permanece asociado a la defensa de la soberanía y al ideal republicano, mientras su legado continúa presente en la memoria colectiva de la nación.

Muy cerca del sitio donde ocurrieron los acontecimientos del 11 de mayo de 1873, Mirciano Mejía, director del Sitio Histórico Potrero de Jimaguayú, explica que las investigaciones alrededor de aquel combate continúan aportando nuevas interpretaciones sobre una de las jornadas más trascendentales de la Guerra de los Diez Años.

“Agramonte conocía que las fuerzas españolas estaban en la zona y organizó el enfrentamiento bajo determinadas condiciones, pero la realidad del combate fue distinta a la concebida inicialmente”, comenta el especialista, antiguo profesor de Historia de Cuba en la Universidad de Camagüey.

En el área, declarada Monumento Nacional, visitantes e investigadores encuentran una maqueta que reconstruye el escenario militar de la época. El espacio también recoge parte de los estudios realizados por importantes historiadores, entre ellos la Premio Nacional de Historia Elda Cento, fallecida en 2019.

“Con el paso del tiempo han surgido nuevas preguntas. Hemos trabajado junto a expertos de distintas instituciones, incluido Raúl Izquierdo, expresidente del Instituto de Historia de Cuba, y muchas valoraciones coinciden en que desde el inicio de la acción las circunstancias favorecieron al ejército español”, señala Mejía.

El investigador recuerda que las fuerzas cubanas llegaban animadas tras el combate de Cocal del Olimpo, aunque cargaban con las enormes limitaciones materiales que marcaron toda la contienda independentista. “Los mambises nunca tuvieron la capacidad logística ni militar de las tropas coloniales, y ya habían transcurrido cinco años desde el inicio de la guerra”, precisa.

Según diversos testimonios de la época, la estrategia diseñada por El Mayor contemplaba una maniobra muy específica. “Ramón Roa relata que Agramonte pretendía dirigir la acción sin involucrarse directamente en la línea de fuego. Organizó la caballería junto a Henry Reeve y colocó la infantería villareña buscando crear las condiciones ideales para el ataque”.

Sin embargo, las tropas españolas nunca actuaron como esperaban los insurrectos. El teniente José Rodríguez de León evitó mover su caballería y frustró la maniobra concebida por los cubanos. “La intención era atraerlos hacia el centro del potrero y dejar aislada la infantería enemiga, pero eso jamás ocurrió”, explica Mejía.

Para el historiador, ese cambio inesperado alteró totalmente el curso del enfrentamiento. “Una compañía española logró aproximarse mucho más de lo previsto. No está claro de qué manera consiguió avanzar tanto, pero esa situación permitió que un soldado pudiera disparar directamente contra Agramonte”.

El impacto mortal ocurrió mientras el jefe mambí avanzaba montado a caballo. “El disparo entra por la región izquierda de la cabeza y sale por el lado derecho. La altura de El Mayor, unida a la vegetación del terreno y al alcance del fusil Remington, facilitaron el tiro”, detalla el investigador.

Mejía también subraya que las condiciones geográficas del lugar han cambiado notablemente con el tiempo. “En 1873 aquello era un amplio potrero cubierto de hierba de guinea y con escasa arboleda. El escenario donde se desarrolló la acción militar poco tiene que ver con la imagen actual”.

El historiador Fernando Crespo destacó a Prensa Latina la dimensión simbólica alcanzada por la muerte del patriota camagüeyano. “El cadáver de El Mayor llegó desafiante a la ciudad. De ahí surge ese verso popular que asegura que lo quemaron porque incluso muerto inspiraba temor a los soldados del rey”.

Nacido en Camagüey el 23 de noviembre de 1841, Ignacio Agramonte ocupa un lugar esencial dentro de la memoria histórica cubana. Para Elda Cento, el Bayardo camagüeyano representa “la personalidad más paradigmática del discurso historiográfico nacional por la extraordinaria suma de virtudes y valores que encarnó”.

mem/fam

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