El Alto Representante del jefe de Estado congoleño para el Seguimiento de la Hoja de Ruta de Luanda y las Organizaciones Económicas Regionales, Sumbu Sita Mambu, fue el portador de la misiva, cuyo contenido no se dio a conocer por ninguna de las partes.
Desde inicios de este año la RDC volvió a mirar hacia Angola para solicitar su apoyo en el proceso de paz, que tras la firma del Acuerdo de Washington, con la mediación de Estados Unidos, y del Mecanismo de Monitoreo y Verificación del Alto el Fuego, con facilitación de Qatar, se había estancado.
A raíz de estos contactos, Angola comenzó a trabajar con la Conferencia Episcopal Nacional del Congo (Cenco) y la Iglesia de Cristo en el Congo (ECC) y el 9 de febrero recibió el mandato de iniciar consultas con todas las partes interesadas, con miras a crear las condiciones para el diálogo intercongoleño.
La decisión fue adoptada en un encuentro entre el presidente Lourenço, entonces titular en ejercicio de la Unión Africana (UA); su homólogo de la RDC, Félix Tshisekedi; el jefe de Estado de Togo y mediador designado de la UA, Faure Gnassingbé; y el expresidente de Nigeria Olusengun Obasanjo, Facilitador del Proceso de Paz.
El comunicado emitido luego de la reunión igualmente instó a las partes en conflicto a declarar un alto el fuego, el cual fue negociado por Angola y todos los involucrados acordaron que entraría en vigor el 18 de febrero, aunque luego fue violado por cada uno de los participantes.
En tanto, el diálogo no se ha producido, si bien en nota del 11 de febrero la Presidencia angoleña apuntó que el inicio de la fase preparatoria del diálogo intercongoleño, previsto en Luanda, se anunciaría oportunamente.
Al interior de la RDC, los actores tienen posiciones diferentes en cuanto a quién debe liderar estas conversaciones, pues el Gobierno aboga por un diálogo encabezado por las instituciones de la República; en tanto otros consideran que deben ser la Cenco y la ECC, que propusieron la iniciativa.
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