Forma parte este tipo de vivienda de la nueva oferta para la industria de los viajes que cada año es más relevante entre quienes llegan a la isla, aun en estos momentos difíciles, cuando hay una disminución del flujo de turistas debido a las contrariedades económicas del país.
En un rincón de Bacuranao, la Finca Vista Hermosa recibe cada fin de semana a decenas de viajeros que buscan algo más que sol y playa. No solo persiguen una habitación, sino una experiencia. Y la encuentran en estructuras de guano y madera que evocan el alma rural de la isla: los bohíos cubanos.
Estas edificaciones tradicionales, que antaño fueron exclusivamente vivienda de campesinos, se convirtieron en un activo turístico de primer orden.
“Se trata de un Proyecto de Desarrollo Local de relevancia, que incluso en varias ocasiones atendió visitas de Estado”, destacó Raúl Reloba, coordinador general de la Finca Vista Hermosa, en declaraciones Prensa Latina.
La fuga del turista hacia lo auténtico impulsa un nicho en crecimiento. En la provincia de Pinar del Río, las cifras son contundentes.
La provincia más occidental del archipiélago cuenta con más de 200 fincas identificadas para el desarrollo del turismo rural. En Viñales hay más de 60 contratadas, informó la delegación del Ministerio de Turismo (Mintur).
A diferencia de los grandes hoteles de Varadero, el alojamiento en bohíos ofrece desconexión tecnológica y conexión territorial.
La cadena Cubanacán sabe leer esta tendencia. En Villa Clara, el hotel Horizontes La Granjita ofrece habitaciones en bungalows parecidos a los bohíos de los campesinos cubanos, según explicó la comercial Yanisley Sanetis.
El atractivo no es solo estético. La sostenibilidad es el pilar. En Camagüey, la Finca La Liliana integra sistemas silvopastoriles, principios de agroecología y conservación de la biodiversidad para ofrecer una experiencia que es a la vez vacacional y educativa.
Una investigación publicada en el Directory of Open Access Journals señala que este modelo genera beneficios productivos, ambientales y sociales.
El auge de estas construcciones rurales responde a la demanda de un turismo más consciente.
Los viajeros ya no quieren ser meros espectadores. En la Finca El Justo, también en Camagüey, los visitantes pueden participar en la pesca tradicional utilizando cañas de bambú o cocinar productos directamente del huerto, según describe el portal especializado Apodaca12.
Esta fórmula demuestra ser económicamente viable. Además del alojamiento, las fincas diversifican sus fuentes de ingreso.
En Vista Hermosa, por ejemplo, se comercializan yogurt de leche de búfala, queso de cabra y otros productos de origen sostenible, todo ello con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
El rescate del bohío como polo turístico no solo beneficia la economía local, sino que frena el despoblamiento rural y revaloriza oficios en vías de extinción. Al poner en valor estas construcciones, se protege un saber hacer que se remonta a los orígenes del campesinado cubano.
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