Investigadores del Centro de Biodiversidad y Cambio Global de Yale, Estados Unidos, subrayan que “los pequeños cambios en la forma en que las personas se desplazan por el entorno pueden afectar significativamente el comportamiento animal y podrían tener implicaciones para los esfuerzos de conservación de la vida silvestre”.
Los animales se ven afectados por las transformaciones en el medio ambiente físico como la agricultura y la urbanización.
El equipo sugiere que para proteger la vida silvestre, los conservacionistas no solo deberían considerar la pérdida de hábitat, sino también dónde y cuándo hay presencia física de las personas.
Los investigadores –puntualiza la fuente- midieron el espacio que utilizaban los animales y la variedad de lugares que ocupaban, y luego aplicaron modelos estadísticos para vincular estos comportamientos con la actividad humana y las condiciones ambientales.
Pudo comprobarse que más del 65 por ciento de las especies modificaron su comportamiento en función de la presencia humana, y que esta presencia tendía a ser más relevante en entornos naturales menos desarrollados.
Sin embargo, las especies respondieron de maneras diferentes. Muchas redujeron el espacio que ocupaban, probablemente para evitar a las personas, pero otras tuvieron la reacción opuesta.
El estudio también reveló que los animales individualmente podían ajustar su comportamiento anualmente, demostrando cierta flexibilidad en respuesta a los cambios en la actividad humana.
Los expertos concluyeron que la pérdida de hábitat es el principal factor que impulsa la pérdida de biodiversidad, pero el uso directo del paisaje por el ser humano también influye en este efecto.
Puntualizaron que los animales son capaces de realizar ajustes en su comportamiento que amplifican o atenúan los efectos negativos de la pérdida de hábitat.
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