La nueva estructura de precios, publicada por la Secretaría de Energía, consolida una tendencia preocupante que mantiene bajo presión el bolsillo de los hondureños, sobre todo de los más vulnerables, en un país con el 60 por ciento de su población (de 10 millones de habitantes) sumida en la pobreza.
Desde el 1 de junio, la gasolina superior alcanzará los 145,61 lempiras (5,45 dólares) por galón, tras una rebaja de 1,42 lempiras.
La gasolina regular mostrará un ligero aumento de 22 centavos y su nuevo valor será de 134,85 lempiras (5,05 dólares), mientras que el galón de diésel -el derivado del petróleo más consumido en Honduras- se cotizará a 137,28 lempiras (5,14 dólares), tras caer 1,64 lempiras.
El queroseno, utilizado principalmente en hogares de bajos ingresos, anotará una depreciación de 4,55 lempiras, por lo que su valor en bomba pasará a costar 124,21 lempiras (4,65 dólares).
En contraste, el mayor impacto negativo para los consumidores se observa en el cilindro de gas doméstico de 25 libras, que trepa 4,01 lempiras hasta 249,62 lempiras (9,35 dólares).
Tanto en el caso del GLP doméstico (cilindro de gas) como en el de la gasolina regular, el ejecutivo de Asfura recordó que aplica un “apoyo económico temporal” (antes subsidio) del 50 por ciento, es decir, que sin ese mecanismo el precio sería el doble.
Cuatro semanas atrás, el cilindro de gas GLP que consumen las amas de casa aumentó su importe en 7,18 lempiras (unos 28 centavos de dólar), tras estar subsidiado en 238,13 lempiras (8,95 dólares) durante los cuatro años de administración de la expresidenta Xiomara Castro (2022-enero 2026).
Por su parte, el GLP vehicular apenas incrementa dos centavos y su precio asciende a 52,12 lempiras por galón (1,95 dólares).
Las nuevas variaciones, vigentes hasta el 7 de junio, ahondan la preocupación entre transportistas, comerciantes y consumidores, quienes advierten que cada incremento en los refinados del petróleo se traduce en mayor carestía en el transporte, alimentos y productos de primera necesidad.
Los ajustes aplicados por la administración derechista reavivan el debate sobre el impacto del retiro progresivo de ayudas estatales en productos clave para la economía doméstica hondureña.
Diversos sectores advierten que las alzas sostenidas podrían provocar más incrementos en la canasta básica y servicios, agravando aún más la presión económica sobre miles de familias.
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