“Décadas de trabajo sobre periodos críticos proporcionaron a la neurociencia sus componentes, y el criticoma ofrece un nombre para el conjunto”, subraya un artículo aparecido en la revista Thought Leaders Invited Review in Brain Health.
Los científicos de la Universidad de Lausana, Suiza, y la Universidad Médica SUNY Upstate, en Estados Unidos presentan el criticoma, como elemento clave para replantear lo que ya se conoce sobre el autismo, la esquizofrenia, la depresión y el trauma como trastornos del desarrollo.
El criticoma registra la experiencia sensorial, motora, social, cultural y ambiental que el cerebro integra durante los períodos críticos de plasticidad sináptica, desde antes del nacimiento hasta aproximadamente los 25 años de edad.
“Lo que entra durante esos periodos se convierte en un elemento determinante. Lo que no entra, o entra de forma incorrecta, no se puede recuperar fácilmente”, enfatiza la fuente.
Ahora ya no se trata solo de lo que está dañado en el cerebro adulto, sino de lo que no pudo integrarse, o se formó incorrectamente, durante los períodos en que la totalización era posible.
Desde esta perspectiva, la esquizofrenia está ligada a una alteración en la maduración de las interneuronas positivas para parvalbúmina en la corteza prefrontal durante la adolescencia tardía, explicaron los expertos.
El autismo refleja una alteración en la sincronización de los períodos críticos en múltiples sistemas sensoriales y de asociación.
Resaltaron que el trauma temprano altera la respuesta al estrés de por vida.
Los científicos concluyeron que la dificultad siempre residió en articular qué falló y cuándo, de ahí que el criticoma proporciona un marco para abordar esta cuestión.
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