Para analistas se trata de una herida que permanece abierta para la Iglesia católica, las comunidades campesinas y los defensores de la justicia social.
Gallego llegó al país en 1967 para desarrollar su labor pastoral en el distrito de Santa Fe, central provincia de Veraguas, donde impulsó la creación de cooperativas campesinas, promovió la organización comunitaria y acompañó a poblaciones rurales afectadas por la pobreza y la exclusión social.
Su trabajo en favor de los sectores más vulnerables lo convirtió en una figura cercana para cientos de familias campesinas, aunque también generó tensiones en una época marcada por profundas desigualdades económicas y sociales.
La noche del 9 de junio de 1971 desapareció en circunstancias que aún forman parte de uno de los capítulos más dolorosos de la memoria histórica panameña. Investigaciones y fallos judiciales posteriores vincularon su desaparición con miembros de la entonces Guardia Nacional durante el período militar que gobernó el país por más de dos décadas.
Durante la reciente celebración del Corpus Christi, el arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa evocó la figura del sacerdote como un referente de compromiso cristiano y defensa de la dignidad humana.
“En este día no podemos dejar de hacer memoria de un sacerdote cuyo testimonio sigue iluminando la conciencia de nuestra Iglesia y de nuestra patria”, expresó el prelado, quien recordó la histórica interrogante que ha acompañado durante décadas a los panameños: “Héctor, ¿dónde estás?”.
Según Ulloa, la respuesta permanece en el legado que dejó entre las comunidades a las que sirvió.
“Está en la memoria agradecida de los campesinos que aprendieron a descubrir su dignidad; está en el recuerdo de quienes encontraron en él un pastor cercano y valiente; está en la conciencia de una Iglesia que no olvida a quienes entregaron su vida por el Evangelio”, afirmó.
La Comisión de la Verdad identificó a Gallego como una de las víctimas de desaparición forzada durante el régimen militar panameño. Sin embargo, pese a las investigaciones realizadas y los esfuerzos por localizar sus restos, su paradero continúa sin esclarecerse.
En 1994, tres exagentes de la Guardia Nacional fueron condenados por su participación en la desaparición del sacerdote, aunque la sentencia no alcanzó a los altos mandos señalados durante las investigaciones.
Más recientemente, el Tribunal Superior de Apelaciones confirmó la detención de Eugenio Magallón, exmilitar de 95 años y último de los condenados por el homicidio de Gallego en ser detenido, en mayo de 2025. Posteriormente, el mismo tribunal autorizó el cumplimiento de la condena bajo arresto domiciliario.
Asimismo, la Corte Interamericana de Derechos Humanos responsabilizó al Estado panameño por la impunidad que ha rodeado durante décadas la desaparición forzada del sacerdote colombiano.
Cinco décadas y media después de su desaparición, el nombre de Héctor Gallego continúa asociado a la lucha por la justicia social, la organización campesina y la defensa de los derechos de los sectores más vulnerables, especialmente en las montañas de Santa Fe de Veraguas, donde su memoria permanece viva entre quienes aún reconocen el impacto de su labor pastoral y comunitaria.
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