La mayoría no posee servicios adecuados, rutas planificadas, vehículos en condiciones ni personal capacitado, en especial, áreas rurales y periféricas, evidenció el medio en base a datos del Sistema Nacional de Información Ambiental (SIA).
“Es hora de que todos tomemos conciencia y que le devolvamos a la naturaleza lo que le hemos quitado”, subrayó el viceministro de Ambiente y Recursos Naturales, Rodrigo Rodas.
La acción de incinerar los residuos, además de dañar el aire, genera focos de contaminación en ríos, barrancos y suelos, lo cual afecta la salud pública y los ecosistemas, explicó la cartera.
Los departamentos de Alta Verapaz, Chimaltenango, Izabal, esta capital, Jutiapa, Petén o Retalhuleu eliminan su basura, principalmente, quemándola, remarcó.
Asimismo, indicó que el departamento con más vertederos a cielo abierto es Chiquimula (66); le siguen Totonicapán, 51; y Sololá, 41.
Estos son –amplió el texto- terrenos donde se acumulan desechos sólidos sin control técnico, sanitario ni ambiental.
El mayor problema que enfrenta Guatemala no es la contaminación visible ni los basureros, sino la falta de conciencia de la población en el cuidado y uso de los recursos naturales, reflexionó el vicetitular.
Tras las lluvias de la presente temporada, la prensa y organizaciones ambientales volvieron a poner el grito en el cielo por las impactantes imágenes y cifras sobre toneladas de desechos flotantes que inundan los cuerpos de agua del país.
La Autoridad para el Manejo Sustentable de la Cuenca y del Lago de Amatitlán reportó la entrada masiva de más de dos mil 400 metros cúbicos de residuos sólidos (el equivalente a unas 200 camiones de basura) en un solo fin de semana.
El río Motagua (uno de los más contaminados de Centroamérica) funciona como una “autopista de basura” que conecta directamente el vertedero de la zona 3 metropolitana y otros clandestinos con las costas del Atlántico.
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