Así lo plantea el más reciente informe de la firma Gemines Consultores que analiza el Decreto de Política Fiscal, donde el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, fijó las metas de déficit estructural hasta el 2030.
Este año el desequilibrio presupuestario será equivalente al 2,6 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB); en 2027 alcanzará el 1,8 y en 2030 bajará al 1,5.
Aunque estos objetivos son más prudentes que la promesa de alcanzar el déficit cero al término del Gobierno, Gemines advierte sobre la persistencia de varias dudas respecto a su cumplimiento debido a los reiterados inconvenientes observados en años anteriores. En todo caso, aun cuando se cumplan estas metas, la trayectoria de la deuda pública representa un desafío.
De acuerdo con las estimaciones del Informe de Finanzas Públicas, la deuda bruta del país podría superar el 45 por ciento del PIB a partir de 2028, lo que obligaría a realizar esfuerzos adicionales para reducir el déficit efectivo y contener el endeudamiento.
Otro problema es la evolución demográfica, pues las proyecciones del Instituto Nacional de Estadísticas derivadas del Censo 2024 anticipan un crecimiento poblacional de apenas 0,6 puntos porcentuales en 2026 y tasas cada vez menores en los años posteriores.
Si esa tendencia persiste, la población chilena alcanzaría un máximo de 20,64 millones de habitantes en 2035 para luego comenzar un proceso de disminución que la llevaría a 16,97 millones en 2070.
Este fenómeno, precisan los consultores citados por el diario digital El Mostrador, limita las posibilidades de crecimiento económico de largo plazo.
Gemines estima que en este panorama un alza sostenible para la economía chilena probablemente se ubique entre 3,0 y 3,5 por ciento anual, con una trayectoria decreciente en el tiempo.
La combinación entre envejecimiento y menor crecimiento económico tendrá efectos directos sobre las cuentas fiscales porque aumentará la presión sobre el gasto en salud, pensiones y otros programas.
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