Muy poco quedaba de aquella selección auriverde de los cinco 10 que maravilló al mundo en México 1970, y el debut contra la extinta Yugoslavia se saldó con un empate sin anotaciones.
La mayor noticia del certamen fue el enfrentamiento en fase de grupos entre los anfitriones y la desaparecida República Democrática Alemana (RDA), que ganaron estos últimos 1-0, en lo que es considerada una de las grandes sorpresas de la historia.
Más conocida es la otra ocurrida en esta misma cita, cuando la llamada «Naranja Mecánica», la selección neerlandesa, fue incapaz de superar a los tanques germanos en la final.
La escuadra europea causó sensación al permitir que las esposas y novias acompañaran a los jugadores durante la concentración en el Mundial.
El “fútbol total”, esa táctica innovadora en la que todos defendían y atacaban, tuvo su clímax, pero cuando llegó el día definitorio se hundió como el Titanic.
La nave de Johan Cruyff naufragó, y los teutones levantaron el nuevo trofeo mundialista que sustituyó la Copa Jules Rimet, entregada a perpetuidad a Brasil en el torneo anterior por haberlo ganado por tercera ocasión.
Fue un torneo marcado también por la aparición de la primera tarjeta roja, instaurada desde el Mundial anterior pero sin hacerse efectiva, “honor” que correspondió al delantero chileno Carlos Caszely.
Escocia fue el único invicto del Mundial, pero no le bastó para clasificar a la segunda fase, y por primera vez la FIFA determinó que los jugadores llevaran su número de inscripción en los pantalones para ayudar en las trasmisiones de TV.
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