En el primer caso, eran la sede cuando Italia consiguió su tercera corona tras derrotar en la final 3-1 a Alemania en el estadio madrileño Santiago Bernabéu, con Paolo Rossi como estrella.
Pero como ya de los Azurri hemos hablado antes, en este caso queremos hacer énfasis en el triunfo de España ante Países Bajos en Sudáfrica 2010, cuando se convirtió en la primera novata en décadas.
Desde la coronación de Francia en 1998, ningún país nuevo se había sumado al selecto grupo de campeones mundiales que incluía a Uruguay, Brasil, Argentina, Alemania.
La selección española era considerada la decepción Mundial tras Mundial, con una camada de futbolistas de elite en todas sus líneas, pero incapaz siquiera de llegar a unas semifinales.
La historia cambió en 2008, cuando de la mano de Luis Aragonés se coronaron en la Eurocopa coorganizada por Austria y Suiza, con un épico triunfo en la final 1-0 contra Alemania.
Derrotar a uno de los grandes del fútbol mundial dio el empujón necesario a una generación que dominaba el panorama a nivel de clubes, pero cuando se vestía la casaca roja quedaba a deber.
La decisión más dura de Aragonés, y posiblemente la que marcó el destino de este equipo, fue dejar fuera a Raúl González, el referente nacional.
Un fracaso en el torneo continental le hubiera costado el puesto, pero de todas maneras el Sabio de Hortaleza no tenía pensado sentarse en el banquillo para el Mundial de Sudáfrica, y su puesto lo ocupó Vicente del Bosque.
El éxito español se forjó desde la defensa, pues quedan como el campeón que menos goles ha anotado en un Mundial, apenas ocho en siete partidos, pero les bastaba con el de Andrés Iniesta al minuto 116 para hacer delirar a los suyos.
De la mano del Bigotón completaron la capicúa al imponerse también en la Euro de 2012, y lo más importante, aprendieron a ganar.
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