Las estadísticas indican que, pese a que los nacimientos en menores de 20 años disminuyeron de 15 mil en 2012 a nueve mil 531 en 2022, equivalente a una reducción de cinco mil 469 casos en una década, la tendencia volvió a revertirse en los últimos cuatro años.
De acuerdo con las autoridades sanitarias, al menos 21 niñas y adolescentes quedan embarazadas diariamente en el país, fenómeno que tiene mayor incidencia en las provincias de Darién y Bocas del Toro, así como en las comarcas indígenas Ngäbe-Buglé, Guna Yala y Emberá-Wounaan.
Especialistas atribuyen este repunte a factores asociados con la pobreza, las uniones tempranas, la desigualdad territorial y las limitaciones en el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva, elementos que afectan principalmente a las comunidades más vulnerables.
El Gobierno panameño estima que las consecuencias económicas derivadas del embarazo adolescente representan pérdidas cercanas a los mil 500 millones de dólares anuales, debido al abandono escolar, la reducción de oportunidades laborales y el incremento de la demanda de servicios sociales y sanitarios.
Ante este escenario, el Consejo Nacional de Atención a la Madre Adolescente (Conama), presidido por el Ministerio de Desarrollo Social (Mides), trabaja en la elaboración de una nueva estrategia nacional de prevención para el período 2026-2030.
La iniciativa cuenta con la asistencia técnica del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y la participación del Ministerio de Educación (Meduca), organizaciones de la sociedad civil y organismos internacionales.
La representante del UNFPA en Panamá, Edith Castillo, señaló que el desafío actual consiste en fortalecer las acciones preventivas antes de que ocurran los embarazos tempranos.
«No estamos aquí para hacer un diagnóstico más; estamos aquí para definir el cómo: cómo llegar antes de que ocurra el embarazo, cómo retrasar las uniones, cómo mantener a las niñas en la escuela y cómo asegurarles servicios de salud y protección», expresó.
La hoja de ruta contempla la implementación de unidades móviles con mediadores culturales para comunidades de difícil acceso, la integración de bases de datos institucionales y la asignación de recursos específicos para garantizar insumos y servicios de salud reproductiva.
Datos de organismos internacionales indican que el embarazo adolescente continúa siendo uno de los principales desafíos para el desarrollo social en América Latina y el Caribe, una de las regiones con las tasas más elevadas del mundo en maternidad temprana. Especialistas coinciden en que fortalecer la educación integral en sexualidad, ampliar el acceso a métodos anticonceptivos y combatir la deserción escolar serán factores clave para revertir la tendencia observada en Panamá durante los últimos años.
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