viernes 24 de julio de 2026

Copa Mundial de Fútbol 2026

México, Estados Unidos y Canadá

Latidos mundialistas: El Coloso de Santa Úrsula

MUNDIAL DE FúTBOL 2026
Ciudad de México, 21 jun (Prensa Latina) Ningún estadio del planeta ha acogido tres ceremonias inaugurales en Copas del Mundo de Fútbol, ese honor corresponde solamente al Azteca.

Por Lemay Padrón Oliveros (Enviado especial)

En su cancha, ubicada en el barrio de Santa Úrsula, se coronaron los considerados mejores futbolistas del siglo XX, el brasileño Pelé en 1970 y el argentino Diego Maradona en 1986.

Camino por su césped y se me ponen los pelos de punta rememorando los dos célebres goles del Pibe contra Inglaterra: “La mano de Dios” y el “Gol del Siglo”, en un acto de comunión con el tiempo.

Abierto al público en 1966 y con capacidad para más de 87 mil aficionados después de varias remodelaciones, es mucho más que un estadio: es un símbolo de la pasión, cultura y energía de la ciudad que lo alberga.

Aunque el estadio se reacondicionó para este Mundial, las mejoras no solucionaron muchos problemas, como el de internet, que sigue siendo intermitente y ha llegado a ser problemático en esta cita del orbe.

Pero esto queda en segundo plano, porque apenas crucé la entrada, sentí que el lugar pesaba más por su historia que por sus muros, y pisar ese suelo fue comprender que los sitios icónicos no son solo escenarios: son testigos silenciosos de miles de vidas y momentos.

Durante años lo había visto en fotografías, documentales y relatos ajenos, pero ninguna imagen me preparaba para la experiencia de estar allí, y más aún con la selección mexicana como protagonista en una Copa Mundial.

Caminar por sus pasillos no es simplemente moverse de un punto a otro; es penetrar un umbral invisible que conecta épocas, culturas y emociones, e inevitablemente uno se siente pequeño ante la vastedad de las leyendas que los recorrieron antes.

Llego hasta la estatua dedicada al aficionado Nachito y me traslada de forma inmediata al habanero Latinoamericano, donde otro fanático inolvidable está fundido a la instalación donde su garganta vibró para guiar a miles de semejantes.

Está claro que el tiempo no borra, sino que imprime en la memoria colectiva y el caso de este recinto histórico deja cicatrices que hablan de fútbol en toda su complejidad.

Yo no dejaré huella en el Azteca, pero El Coloso de Santa Úrsula sí en mí.

oda/lp

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