Resulta prácticamente imposible lograr un consenso de forma unánime en materia futbolística, pero la obra de arte que dejó El Pibe de Oro en cuartos de final contra Inglaterra en México 1986 casi lo logra.
La previa ya tenía todos los ingredientes, con el antecedente reciente de la Guerra de Malvinas, y el chovinismo exacerbado en Argentina y transformado en encono futbolístico entre sus futbolistas.
Primero vino La Mano de Dios, pero cuando no se habían apagado todavía los gritos amargos del portero Peter Shilton llegó el mejor gol de todos los tiempos.
Fueron 10.6 segundos para recorrer 52 metros y dejar atrás a cinco ingleses, pero lo más impactante es que luego de haber hecho semejante hazaña todavía tuvo tiempo de ver a su compañero en el otro palo y decir que era mejor terminar la jugada él mismo.
Maradona partió desde campo argentino tras un pase de Héctor “Negro” Enrique, y fueron quedando en el camino Glenn Hoddle, Peter Reid, Kenny Sansom, Terry Butcher, Terry Fenwick y el arquero.
Fueron 44 pasos exactos, con 12 toques a la pelota y una velocidad aproximada de 18,5 kilómetros por hora, todo rodeado de futbolistas ingleses que solo lo vieron pasar, como quien queda anonadado ante un mito viviente y gambeteara a sus amigos en Villa Fiorito, el humilde barrio de Buenos Aires donde nació.
En su momento cumbre, el genio concretó lo que cualquiera soñó y nadie pudo hacer, ante más de 70 mil espectadores en el emblemático estadio Azteca.
La escena quedó marcada por el relato del periodista uruguayo Víctor Hugo Morales para la televisión nacional argentina con frases icónicas como “Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?», “Genio, ta, ta, ta…”, y “Quiero llorar, Dios Santo, Viva el fútbol”.
Lo que pudo haber sido la gran polémica de ese Mundial por el tanto conseguido con la mano se borró en un santiamén con una genialidad, y Argentina siguió su camino hacia la coronación más épica de su historia.
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