Todo deportista, artista o político, sueña con brillar en el mayor escenario posible. En el caso del fútbol, eso se reduce a una Copa del Mundo a nivel de selecciones, y a la Liga de Campeones en cuanto a clubes.
Para cualquiera, decidir la final de alguno de esos torneos es un orgullo enorme que se llevará a la tumba. ¿Qué decir entonces de alguien que tuvo ese privilegio en ambos certámenes?
Solamente Zidane y «El Torpedo» Gerd Muller, uno de los mejores delanteros natos que ha dado el fútbol mundial, pueden presumir de eso, con la pequeña diferencia de que el alemán nació única y exclusivamente para marcar goles, y lo de Harry Potter era otra cosa: la elegancia, la maestría y la visión de juego.
Nacido en 1972 en Marsella, fue ganador del Balón de Oro en 1998 y jugó tres Copas Mundiales: Francia 1998 (campeón), Surcorea-Japón 2002 y Alemania 2006 (subcampeón) y tres Eurocopas: Inglaterra 1996, Bélgica-Países Bajos 2000 (campeón) y Portugal 2004.
Como jugador logró cinco títulos con el club italiano Juventus (una Copa Intercontinental, entre ellos) y seis con el español Real Madrid (una Champions League y una Copa Intercontinental, entre otros).
La modestia fue uno de sus rasgos fundamentales, y lo resumió en una de las frases que marcan su vida: “Fue mi padre quien nos enseñó a todos desde pequeños que un inmigrante tiene que trabajar el doble de fuerte que cualquier otra persona, y nunca darse por vencido.”
Como técnico de los merengues alzó 10 títulos, entre ellos tres Champions consecutivas (récord) y dos Mundiales de Clubes.
Su carrera en los banquillos está lejos de terminar, y su gran sueño es dirigir a Francia. Quizás lo veamos cumplir el anhelo en la venidera Copa del Mundo.
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