Ocurrió en el partido Francia-Alemania Occidental por el tercer lugar de esa justa, y el centrodelantero galo recibió una asistencia de Raymond Kopa, quien dejó también la marca de nueve pases de anotación que parece insuperable.
Sin embargo, Fontaine no era una superestrella, e incluso llegó al Mundial apenas recuperado de una lesión de rodilla.
Cuenta la leyenda que cuando el nacido en Marrakech fue a saltar al césped para el primer encuentro descubrió que tenía los botines rotos y su compañero Stéphane Bruey tuvo que prestarle los suyos.
Cábala o no, lo cierto es que al atacante del Stade de Reims le vinieron de maravillas, porque se despachó con un triplete en el debut ante Paraguay, y luego vacunó dos veces a Yugoslavia y una a Escocia.
En los cuartos de final volvió a decir presente por partida doble en la red contra Irlanda del Norte en el triunfo 4-0, y en semifinales convirtió nuevamente contra Brasil, aunque Francia cayó 2-5 ante el equipo que terminaría siendo campeón de la mano de Pelé.
Lejos de bajar la cabeza, Fontaine cerró a todo tren con cuatro perforaciones frente a Alemania en la victoria 6-3 por el tercer lugar, en el estadio Ullevi de Gotemburgo.
Especialistas consideraron que su posicionamiento inteligente, siempre un segundo por delante de los defensores que intentaban escalonarlo sin éxito, fue la clave para destrozar las redes rivales.
Su carrera fue tan breve como intensa, ya que las lesiones lo obligaron a retirarse con apenas 28 años, y por esa causa nunca volvió a disputar un Mundial.
Casi siete décadas después, su marca de 13 anotaciones en apenas seis partidos disputados en un lapso de 20 días parece blindada ante cualquier intento de superación.
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