Luego de desencuentros entre sectores de la prensa y aficionados con el director técnico del plantel, el argentino Sebastián Beccacece, el elenco se las arregló para avanzar a la segunda ronda, luego de una épica victoria contra Alemania.
Fue la ecuatoriana una de las selecciones que más kilómetros tuvo que hacer durante el torneo.
Su centro de entrenamiento estaba en Columbus Crew, en el estado de Ohio, que no fue sede mundialista, pero le quedaba equidistante de los tres estadios que visitaron en la fase de grupos: Filadelfia, Kansas City y Nueva York.
El vuelo más largo apenas fue de dos horas, pero en kilometraje los trayectos sí fueron notables: mil 622 kilómetros ida y vuelta a Filadelfia, dos mil 108 a Kansas y mil 738 a Nueva York.
O sea, que la comitiva sudamericana recorrió cinco mil 468 kilómetros en sus tres partidos iniciales, y todavía le faltaba viajar a esta capital para enfrentar a México.
Fueron otros tres mil 507 kilómetros en un azaroso viaje de aproximadamente seis horas que tuvo problemas de coordinación y se retrasó, y terminó siendo de nueve horas.
Para colmo, un grupo de aficionados no los dejó dormir en el hotel Westin Santa Fe, con los cánticos tradicionales, incluidos el “Cielito Lindo”, combinados con el uso de pirotecnia, en una serenata no bien recibida.
Como resultado, los futbolistas ecuatorianos no tuvieron el mejor descanso posible antes del juego de este martes, y la Federación de su país presentó una queja oficial, pero esto queda en nada realmente.
Por tanto, a pesar de regresar a casa sin estar del todo satisfechos con su actuación, los miembros del cuadro ecuatoriano pueden llegar a Quito con la frente en alto.
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