Argentina se medía a la anfitriona Italia en semifinales, y el partido iba empatado 1-1 por los tantos de Salvatore Schillaci por los europeos y Claudio Caniggia por la albiceleste.
Se jugaba nada menos que en Nápoles, la ciudad que idolatraba a Diego Armando Maradona y que le puso su nombre al estadio en 2020, pero había que hacer cualquier cosa para destronar al vigente campeón.
Bajo la batuta de Diego Argentina controlaba la pelota, Italia amenazaba constantemente con réplicas veloces, pero nada más movió el marcador.
El Pelusa estuvo en ese choque a punto de marcar el que hubiera sido su único tanto del certamen en una media volea preciosa que atajó Walter Zenga.
Llegó el momento de definir al ganador y muchos pensaron que ya el Goyco había agotado su cuota de suerte porque en la fase previa detuvo dos remates en la definición ante Yugoslavia.
Sin embargo, volvió a vestirse de héroe al atajar los penales ejecutados por Roberto Donadoni y Aldo Serena, para convertirse en el mejor ataja-penales de la historia de los Mundiales.
Tras detener el disparo de Serena el Goyco emprendió una corrida hacia sus compañeros, levantando eufórico el puño derecho mientras saboreaba la heroica celebración.
Ese festejo es mi mejor recuerdo del Mundial, fue la representación más lúdica de lo que es este fútbol bendito: correr con un estadio enmudecido y escuchar sólo el grito de mis compañeros, explicó el guardameta luego.
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