Pero con el perdón al delantero estadounidense Folarin Balogun, entramos en un terreno peligroso, que nos lleva a cambiar el destino del fútbol tal y como lo conocemos… o a provocar carcajadas.
Quien decidió que no debía cumplir ni siquiera un partido de sanción en este Mundial podría mañana eliminar el fuera de juego; si total, se trata de la regla más tortuosa, la que ahora mismo pende de algo tan fino como la uña de un atacante.
Yo animo a Trump a que se lo comente a Infantino; sin presión, y veremos cómo los goles pueden llegar en ráfagas tan intensas como esos memes que circulan en las redes, además de ahorrarnos angustiosos minutos chequeando y contrachequeando para aguarle la fiesta al más pinto de la paloma.
Menos trabajo para los árbitros y golpe mortal a la monotonía, que lluevan los goles como confeti, y el propio Balogun será doblemente feliz, aunque él no tiene la culpa de este caos que se creó a su alrededor.
Ya teníamos pausas de hidratación en estadios climatizados, ahora tarjetas que desaparecen por arte de magia; el próximo paso, lo advierto para que no les tome desprevenidos, es desterrar el fuera de juego…al menos si perjudica a Estados Unidos.
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