Osaka, envuelta en una puesta en escena tan llamativa como efectiva, impuso su ritmo desde el inicio con ocho golpes ganadores, un 72 por ciento de efectividad con el primer servicio y la sangre fría necesaria para convertir dos de cuatro puntos de ruptura.
Sabalenka, irreconocible por momentos y prisionera de sus errores no forzados, volvió a despedirse antes de tiempo de un Grand Slam que sigue resistiéndosele, tras una actuación inferior a la exhibida semanas atrás en Roland Garros, donde al menos alcanzó los cuartos de final.
El césped del All England Club, testigo de otra sacudida en la cima del circuito, confirmó que el liderato de la belarusa se sostiene más por la irregularidad ajena que por su propia consistencia en las grandes citas.
Osaka, en cambio, hilvanó una de esas jornadas donde el tenis se convierte en declaración de intenciones, para reinstalar su nombre entre las aspirantes y recordar que, cuando encuentra su mejor versión, puede doblegar incluso a la reina del tenis mundial.
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