Por Antonio Rondón
Le Pen también decidió dejar las consideraciones de ética al electorado, al confirmarse como candidata tras varias horas de debate en su Alianza Nacional (RN) sobre si era ético o práctico presentarse en los comicios con un brazalete electrónico.
El referido tribunal decidió dejar la condena de cinco años de inhabilitación para ejercer la política en apenas unos meses, mientras que la pena de tres años de cárcel la redujo a uno solo bajo vigilancia electrónica (brazalete).
Pero, aún así, Le Pen, acusada de desviar millones de euros del Parlamento Europeo entre 2004 y 2016 para financiar campañas de su partido con salarios falsos de asistentes de eurodiputados, va como candidata a los comicios presidenciales.
Las opciones quedaron atrás
En su momento, la política ultraconservadora decidió pasar el mando de la RN al joven Jordan Bardella, quien en esa condición alcanzó niveles de intención de votos de entre un 34 y un 38 por ciento, casi a la par de lo acumulado por la condenada política.
La variante de Bardella estaba relacionada con la posibilidad de que los ultranacionalistas dejaran en suspenso la participación de Le Pen en los comicios, dada la magnitud que pudiera tener un veredicto sobre sus delitos confirmados.
Pero incluso cuando se conoció la decisión del tribunal parisino de permitirle ejercer la actividad política, la cuestión de la ética sobre un candidato con brazalete electrónico y con controles fue motivo de horas de discusión.
Sin embargo, la intención de aprovechar la coyuntura política pareció prevalecer sobre consideraciones éticas dentro de la RN para dejar de lado del electorado la decisión sobre una futura jefa de Estado que hace campaña bajo vigilancia.
Analistas citados por el canal de televisión BFMTV recuerdan como en declaraciones a esa televisora Le Pen afirmó que sería imposible hacer proselitismo político con un brazalete electrónico y con controles permanentes de su actividad.
Pero la ventaja en los sondeos, tanto de Le Pen como de Bardella, un asunto preocupante dentro de los círculos políticos franceses, también prevaleció en la decisión. Ambos cuentan con más del doble de preferencia que su más cercano perseguidor.
A favor del ascenso de la ultraderecha también parece obrar el hecho de que la centroderecha, incluida la que representa al actual mandatario Emmanuel Macron, y la izquierda cuentan con varios candidatos y ello divide el voto de las dos tendencias.
La ética parece estar de receso entre los políticos franceses y se espera que lo visto hasta ahora sea lo más inusual que se pueda conocer en esta campaña presidencial adelantada. Vivir para ver.
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