Según informó el portal G1, el Palacio de Planalto fue notificado de que la decisión estadounidense será divulgada durante este miércoles, tras concluir la investigación realizada por la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR).
De acuerdo con interlocutores del Gobierno citados por el medio, la administración del presidente Luiz Inácio Lula da Silva analizará el contenido del anuncio antes de adoptar una posición oficial, que podría incluir la aplicación de la Ley de Reciprocidad Económica si considera que las medidas son unilaterales e injustificadas.
Las negociaciones entre ambos países se concentraron en tres asuntos que Washington considera prioritarios: el sistema brasileño de pagos instantáneos Pix, el acceso del etanol estadounidense al mercado brasileño y el tratamiento regulatorio de las plataformas digitales.
Respecto al Pix, las autoridades estadounidenses sostienen que el Banco Central favorece ese sistema público frente a empresas privadas del sector financiero.
Brasil rechaza esa interpretación y afirma que la plataforma está abierta a operadores nacionales y extranjeros que cumplan las normas regulatorias, y recordó que empresas estadounidenses ya participan en ese ecosistema.
En cuanto al etanol, Washington argumenta que Brasil dejó de ofrecer condiciones recíprocas para el combustible estadounidense tras cambios arancelarios introducidos en los últimos años.
Al respecto, el Ejecutivo brasileño respondió que el gravamen aplicado no discrimina a Estados Unidos y sigue las mismas reglas para los países sin acuerdos comerciales preferenciales.
De acuerdo con fuentes del Gobierno, durante las conversaciones Washington propuso además una moratoria de cuatro años para impedir el cobro de impuestos y multas a plataformas digitales, iniciativa que Brasil rechazó por considerarla innegociable.
Funcionarios brasileños señalaron que las conversaciones registraron avances en sus primeras etapas, pero desde mayo la posición estadounidense se volvió más rígida, al incorporar exigencias que Brasilia considera incompatibles con su marco regulatorio y con su política económica, indicó G1.
Aun así, el Ejecutivo mantuvo contactos de última hora con representantes estadounidenses para intentar evitar el aumento de las tarifas, que sería de un 25 por ciento.
Según los ministros citados por el medio, la orden de Lula fue que Brasil no abandonara la mesa de negociaciones ni permitiera que la ideología contaminara las conversaciones.
A pesar de eso, el Gobierno brasileño consideró que la decisión de la USTR de recomendar los aranceles fue de índole política, apuntó la publicación.
las/mar













