Belga Tim Merlier doma el caos de la etapa 12 del Tour de Francia

París, 16 jul (Prensa Latina) El belga Tim Merlier (Soudal Quick-Step) se impuso hoy en la duodécima etapa del Tour de Francia, un recorrido de 179,1 kilómetros entre Nevers Magny-Cours y Chalon-sur-Saône marcado por el caos final.

   La jornada, que partió de un templo del automovilismo francés, fue mutando desde una promesa de velocidad controlada hacia un territorio de desgaste donde cada rueda buscó sobrevivir a la tensión del viento, la lluvia y los ataques.

   El francés Baptiste Veistroffer (TotalEnergies) encendió la fuga con terquedad solitaria, aunque el pelotón, vigilante y sin conceder respiros, mantuvo siempre la cuerda lo bastante corta como para dictar sentencia en los kilómetros decisivos.

   Con un tiempo de 3:38:53 horas, el danés llegó a la meta en un pelotón compacto de varios ciclistas que entraron con el mismo cromo, entre ellos el neerlandés Olav Kooij (Decathlon CMA CGM) y el belga Jasper Philipsen (Alpecin Premier Tech).

   El también danés Jonas Vingegaard (Visma-Lease a Bike) sorteó un contratiempo mecánico con la calma de los aspirantes al trono, mientras el esloveno Tadej Pogacar (UAE Team Emirates-XRG) rodó protegido, sin permitir que la jornada alterara su dominio en la general.

   La lluvia, caída como un telón espeso a falta de 80 kilómetros, convirtió el asfalto en una trampa brillante y obligó a extremar reflejos en un pelotón cada vez más nervioso y fragmentado.

   El estadounidense Quinn Simmons (Lidl-Trek) dinamitó la lógica a 35 kilómetros de meta con un ataque feroz que abrió grietas y arrastró a hombres como el italiano Filippo Ganna (Ineos Grenadiers) y el suizo Mauro Schmid (Jayco AlUla) hacia una ofensiva ambiciosa.

   La emboscada tensó los músculos de los velocistas y deshilachó sus trenes, dejando a figuras como el colombiano Fernando Gaviria (Movistar Team) fuera de combate tras una caída en el tramo final que acentuó el desorden colectivo.

   Con los equipos descompuestos y las referencias borradas, el grupo entró en Chalon-sur-Saône como un acorde roto, sin jerarquías claras ni lanzadores que marcaran el compás.

   En ese escenario emergió Merlier, que leyó el caos como un mapa conocido, encontró el hueco preciso y descargó su potencia con la precisión de quien sabe que la meta es un instante y no un lugar.

   Pogacar, mientras tanto, cruzó la línea sin sobresaltos y conservó el maillot amarillo, guardando fuerzas para las montañas que aguardan donde ya no habrá refugio en el desorden.

   El fenómeno esloveno domina ahora con un tiempo global de 43:04:01 horas, 3:36 minutos por delante de Vingegaard y a 4:06 de Renco Evenepoel.

ool/blc

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