Ocurrió en 1994, específicamente en el Estadio Rose Bowl de Los Ángeles, donde disputaron la gran final ante Italia y se impusieron en penales, primera ocasión que el cetro se definía por esa vía.
Fue un partido muy ríspido, en el cual predominaron las estrategias defensivas y hubo poco margen a la imaginación, por lo que cerró el tiempo regular 0-0, y tampoco sucedió nada relevante en la prórroga.
Llegados a ese punto, solo quedaba definir el primer puesto con lanzamientos desde los 12 pasos, en los que Brasil salió airosa 3-2.
Es la única final en la historia de los Mundiales donde la selección campeona no anotó ni un solo gol durante el tiempo reglamentario y la prórroga.
En la definición falló el primero Márcio Santos y marcaron por los auriverdes Romário, Branco y el capitán Dunga, mientras que por los europeos festejaron Demetrio Albertini y Alberigo Evani y erraron Franco Baresi, Daniele Massaro y Roberto Baggio.
La dupla de Romário y Bebeto, que ya había hecho de las suyas en el Vasco da Gama, llevó en volandas a una selección que no mostró un juego brillante a lo largo de la lid.
Entre las imágenes icónicas de esta justa estuvo la celebración de Bebeto tras marcar ante Países Bajos, en la cual hizo el gesto de acunar a su primer hijo recién nacido, y se le sumaron Mazinho y Romário.
Un jovencísimo Ronaldo Nazario de Lima levantó el trofeo de monarca, pero estuvo todo el tiempo en el banco; su momento llegaría más adelante.
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