Por Antonio Rondón
Una de las señales del espejismo de la bonanza lo dio una información estadística reciente que sitió al desempleo en esta nación en 8,3 por ciento, por encima del 6,3 promedio calculado para la zona euro, confirma Le Monde.
Francia acumula, además, la desaparición por quiebra o procedimiento judicial de entre 65 mil y 70 mil empresas al año, un monto por encima de la media observada antes de la pandemia de Covid-19, cuando se situaba en unas 59 mil.
A ello se suma el preocupante crecimiento del déficit presupuestario que llega ahora al 5,1 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), por encima del límite del tres por ciento establecido por la Unión Europea (UE) para los países de la zona euro.
En su momento, tras la crisis financiera de 2008, la UE estableció una regencia especial para países como Grecia, Portugal o Islandia para aplicar programas de ajustes por sobrepasar los tres puntos, por lo cual se considera un tema serio dentro del bloque comunitario.
Los factores externos
Algunas organizaciones gremiales galas muestran preocupación por el aumento de los gastos militares, con inversiones adicionales en esa esfera en 2027 de seis mil 400 millones de euros, sobre todo, vinculadas al rearme nacional y el suministro bélico a Ucrania.
La preocupación crece y publicaciones como Les Echos consideran que ese incremento pueda afectar la mantención del sistema de bienestar social de la posguerra, aún cuando el gobierno del primer ministro Sébastien Lecornu promete que no habrá cambio alguno en ese aspecto.
Ello ocurre cuando el país acumula una deuda pública del 113 por ciento del PIB, que podría llegar hasta 130 puntos para 2030, estimaron analistas citados por el canal CNews.
Francia paga unos 124 mil millones de euros anuales por servicios de intereses de la deuda, recuerda el diario Le Figaro.
A ello se suma las consecuencias para Francia de la crisis en el Medio Oriente que provoca problemas con los energéticos de todo el orbe. En el caso galo, ese efecto está más reducido porque el país cuenta con 57 reactores, distribuidos en 18 centrales nucleares.
Sin embargo, el 60 por ciento del consumo de carbón, petróleo y gas proviene del extranjero, lo cual requiere gastos por unos 60 mil millones de euros, destaca Le Monde.
En su momento, el ministro francés de Finanzas, Roland Lascure, consideró necesario resolver la crisis del Medio Oriente, que provocó un déficit de 11 millones de barriles diarios, para poder relanzar la economía francesa.
Además, París debió lidiar con la decisión de los países de la Asociación del Sahel (Burkina Faso, Malí y Níger) de poner fin a su presencia en esa región, de donde llegaba cerca del 30 por ciento del uranio empleado como combustible en centrales nucleares francesas.
Tal situación se da, en medio de un modesto crecimiento de la economía del 0,7 por ciento, previsto para 2026, cuando la campaña electoral presidencial de 2027 podría influir en problemas pendientes en materia económica que aún deberán resolverse, sin Copperfield.
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