La formación Fidesz-Unión Cívica Húngara, ahora en la oposición, no aceptará el sistema político que impulsa el Ejecutivo, denunció su líder, el exprimer ministro Viktor Orban, en conferencia de prensa en la capitalm donde consideró que la nueva estructura de poder carece de legitimidad por fundarse en quebrantos de la ley fundamental.
Esta nueva política es ilegítima, pues se construye sobre violaciones graves de la Carta Magna y solo busca afianzar el control gubernamental, sentenció Orban ante los periodistas. El dirigente puso como ejemplo del supuesto abuso el decomiso de servidores informáticos en una oficina de Fidesz, donde se resguardaba la base de datos del partido.
La aprobación parlamentaria de la decimoséptima enmienda constitucional, a instancias del gobierno, constituye el hecho más grave para el opositor. Esa reforma, según Orban, provocó la destitución del presidente Tamas Sulyok y dejaría fuera de futuros comicios a varios diputados de su bancada, lo que calificó de maniobra para cercar a la oposición.
El exprimer ministro subrayó que la situación actual no se vivía en Hungría desde hace 36 años, y solo era comparable al período comunista previo a 1990.
Entonces no había democracia, la competencia política estaba limitada y el régimen decidía quién podía presentarse, recordó Orban, trazando un paralelo histórico para alertar sobre un retroceso democrático.
No obstante, el líder de Fidesz afirmó que su fuerza replicará la estrategia de la oposición anticomunista de finales de los ochenta: participar en la actividad legislativa para combatir los abusos desde dentro.
Ellos concurrieron a las elecciones, ganaron escaños y lucharon contra la arbitrariedad; eso haremos ahora, declaró.
En un movimiento de presión, Orban adelantó que su partido y su fracción parlamentaria no concurrirán a los comicios para elegir al nuevo presidente húngaro, al considerar el cargo ilegítimo.
La medida se extiende a cualquier otro funcionario que sea designado para reemplazar a quienes, denunció, fueron apartados de manera irregular por el Ejecutivo de Magyar.
Analistas políticos en Budapest coinciden en que el pulso entre el Gobierno y Fidesz agudiza la polarización en el país centroeuropeo.
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