Santo Domingo, 2 ago (Prensa Latina) El luchador hondureño Kevin Mejía cumplió hoy al fin el refrán de que tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe, al llevarse el oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 2026.
Tuvo que esperar más de 10 años para alcanzar finalmente el cetro en la división de hasta 97 kilogramos del estilo grecorromano, desde su prometedor debut en Veracruz 2014.
En suelo mexicano consiguió dos preseas de bronce, uno en el estilo libre y otro en la greco, y aunque agregó otros metales regionales, incluido el subtítulo panamericano en Toronto 2015, el oro le había sido esquivo.
Súper feliz, es algo que venía buscando hace tiempo, siempre me toca chocar con algún cubano y nos fajamos duro en cada torneo. Siempre me equivoco yo en algún momento y esta vez fue al revés, dijo sobre su combate semifinal ante el cubano Gabriel Rosillo.
El campeón mundial de Belgrado 2023 y bronce olímpico en París 2024 parecía tener dominado el combate ante Mejía, pero luego de una proyección perdió el agarre y terminó cayendo por pegada.
Es algo muy satisfactorio para mí como deportista porque no todo el tiempo uno pelea con un campeón mundial. Gracias a Dios se me dio el gane y estoy muy agradecido, señaló.
Para la final el catracho no tuvo que sudar su trusa porque el dominicano Carlos Adames terminó lesionado su pelea anterior y solo subió al colchón para levantarle el brazo como ganador y recibir el aplauso de los suyos.
Se trata en el caso de Mejía de una carrera bastante larga ya, pero a sus 31 años quiere repetir la experiencia olímpica vivida en París 2024.
Quiero mejorar mis resultados en los Campeonatos Mundiales y llegar a Los Ángeles 2028. El Comité Olímpico Hondureño y otras instituciones se están uniendo para levantar el deporte y eso se nota en los resultados, aseveró.
En exclusiva con Prensa Latina Mejía habló de su familia (su hermano exluchador y sus tíos exfutbolistas), y sobre todo de su hijo, al que tanto tiempo le debe por culpa del deporte.
La familia es importante, tener ese círculo, ese respaldo. Mi hijo me motiva a hacer esto, me he perdido bastante, casi los cinco años de vida que tiene, porque tengo muy poco tiempo por estar siempre afuera y él todavía no lo entiende, expresó con voz rasgada.
Vinieron a su mente las decenas de veces en que su pequeño le pregunta cuándo puede ir a verlo y él tiene que responderle casi siempre que no tiene tiempo.
No sé cómo explicarle. Uno se siente mal, pero espero que un día comprenda, aunque el tiempo perdido no se va a recuperar, confesó.
Para animarlo un poco le decimos que a lo mejor sale luchador para seguir la tradición deportiva familiar.
La verdad que lo dudo, porque ya está mentalizado en que va a hacer otra cosa. Antes me decía que sí, pero si el día de mañana cambia de opinión lo pongo a entrenar conmigo, suelta ya relajado, como corresponde al primer campeón de Honduras en esta justa.
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