En el revirado Hungaroring, bajo un calor que exprimía neumáticos y voluntades, Norris volvió a imponer el pulso firme de quien ha aprendido a ganar incluso cuando la carrera se desordena como un tablero sacudido por el azar.
El neerlandés Max Verstappen sostuvo el asedio con ritmo constante para asegurar la segunda plaza, mientras el italiano Andrea Kimi Antonelli, más calculador que veloz, defendió un tercer puesto que refuerza su liderato en el campeonato.
La competencia giró sobre sí misma cuando el australiano Oscar Piastri, líder en el arranque, vio desvanecerse su ventaja entre tráfico, contactos y una avería final que lo dejó fuera del desenlace.
También el británico Lewis Hamilton sufrió los caprichos del pit lane y las sanciones, resignando posiciones en una tarde donde cada error se pagó con crudeza milimétrica.
Así, Norris cerró la cita húngara con la autoridad de quien sabe leer el caos y convertirlo en victoria, justo antes del parón estival que congela, pero no apaga, la tensión del campeonato.
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