El índice de gerentes de compras del sector manufacturero (ISM Manufacturing PMI) que se publica esta semana, se presenta como el primer gran termómetro de la salud económica de Estados Unidos para el segundo semestre de 2026.
Con la economía global en un punto de inflexión, la cifra no solo refleja el estado de la industria, sino que también podría definir las expectativas de los mercados y la senda de la política monetaria. La publicación del ISM Manufacturing Index, es uno de los eventos más esperados por analistas e inversores.
Este indicador, elaborado a partir de encuestas a gerentes de compras del sector, ofrece una visión anticipada de la producción industrial, los nuevos pedidos, el empleo y las condiciones de la cadena de suministro.
El dato de julio, que según el pronóstico de Morgan Stanley se situaría en 53,8 puntos, llega tras el registro de 53,3 del mes anterior, consolidando la tendencia alcista que el sector ha mostrado desde principios de año.
La importancia de este índice radica en su capacidad para anticipar el ciclo económico. Una lectura por encima de 50 puntos indica expansión, mientras que por debajo sugiere contracción.
Tras un periodo de contracción durante 2025, el indicador superó ese umbral en enero de 2026, señalando el inicio de una nueva fase de crecimiento. El dato de julio servirá para confirmar si esta recuperación gana tracción o si, por el contrario, se desacelera.
El contexto es clave. El sector manufacturero estadounidense está siendo impulsado por una confluencia de factores estructurales.
La ola de inversión en eficiencia y automatización, que busca mitigar el impacto de los aranceles, está transformando el panorama industrial.
Analistas de Morgan Stanley señalan que el «reshoring» o relocalización de la producción en Estados Unidos es un motor de largo recorrido.
De hecho, las expectativas de ingresos para el sector manufacturero en 2026 han mejorado significativamente, pasando de un crecimiento previsto del 4,4 por ciento en diciembre de 2025 a un 8,4 en la última previsión del propio ISM .
Sin embargo, no todo son buenas noticias. El ISM Manufacturing Prices Paid, que mide la percepción de los directivos de compras sobre la inflación futura, fue de 73 en julio, por debajo del consenso de 79.
Esta caída podría interpretarse como un alivio en las presiones sobre los costos, aunque analistas advierten que esta cifra aún no refleja plenamente el reciente repunte de los precios de la energía.
Por otro lado, el subíndice de empleo, que se publica junto con el dato principal, es un indicador líder de las nóminas no agrícolas. En junio se situó en 49,7, lo que sugiere una ligera contracción en la contratación, un punto de atención para los mercados laborales.
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