Un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores recordó que Japón lanzó durante la contienda guerras de agresión contra otros países y cometió, según afirmó, graves crímenes.
Señaló que el santuario Yasukuni constituyó un instrumento y símbolo del militarismo japonés y acoge a 14 criminales de guerra de clase A, considerados responsables de las guerras de agresión.
La Cancillería afirmó que ningún argumento de políticos japoneses puede ocultar los intentos de rehabilitar a criminales de guerra, encubrir responsabilidades por los crímenes cometidos y distorsionar los hechos históricos.
También sostuvo que esas acciones buscan allanar el camino hacia una acelerada remilitarización de Japón.
China calificó esas conductas como una afrenta a la justicia histórica, un desafío a los límites de la civilización y una provocación contra el orden internacional establecido después de la guerra.
El gigante asiático señaló que la comunidad internacional se opone firmemente a esas posiciones.
Este año se cumple además el aniversario 80 del inicio de los Juicios de Tokio contra dirigentes japoneses acusados de crímenes de guerra tras la Segunda Guerra Mundial.
La Cancillería subrayó que una correcta comprensión y tratamiento de la historia constituyen una premisa para el retorno de Japón a la comunidad internacional después de la guerra y una base política para sus relaciones con los países vecinos.
China instó a Tokio a reflexionar profundamente sobre su historia de agresión, romper de manera definitiva con el militarismo y adoptar acciones concretas para ganar la confianza de sus vecinos asiáticos y de la comunidad internacional.
La declaración coincidió con el aniversario de la derrota y rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial, el 15 de agosto de 1945.
El santuario Yasukuni, en Tokio, es fuente recurrente de tensiones diplomáticas entre Japón y países como China y Corea del Sur porque honra a los muertos en los conflictos bélicos nipones, incluidos 14 condenados como criminales de guerra de clase A tras la Segunda Guerra Mundial.
La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, envió hoy una ofrenda ritual al polémico santuario, mientras que el ministro de Defensa nipón, Shinjiro Koizumi, visitó el lugar.
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