Parecía que la industria del material fotográfico había muerto con el teléfono móvil, pero nada más lejos de la realidad.
Las ventas de películas analógicas crecieron 25 por ciento en 2026, pero el gran negocio está en la óptica de alta gama y los sensores de luz ambiental para hogares inteligentes.
«Los jóvenes buscan la textura, lo imperfecto, y eso solo lo da la química. Pero, a nivel industrial, las marcas como Canon y Sony ganan más dinero fabricando los ‘ojos’ de los coches autónomos que las cámaras», explica el analista técnico de la revista DPReview, Richard Butler.
El mercado de objetivos (lentes) de segunda mano se ha disparado, con precios que superan a los de nuevo fabricado para modelos vintage.
Además, la fotografía computacional provoca que los fabricantes de smartphones inviertan en lentes de cristal de alta calidad, resucitando la industria del pulido de lentes en países como Japón y Alemania.
La paradoja es que tomamos más fotos que nunca, pero las imprimimos menos; el negocio se desplaza al almacenamiento en la nube y los marcos digitales de alta definición.
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