Por: Mario Muñoz Lozano
El viajero llega expectante, «es única», le repitieron antes de partir, pero cada ciudad lo es, respondió, conocedor ya de otras urbes singulares, atractivas y famosas.
Entonces usaron los cliché de costumbre: no por gusto la llaman «la ciudad eterna», «todos los caminos conducen a Roma»… Sí, pero eso fue hace siglos, cuando el imperio romano construyó una amplia red de calzadas que conectaba a todas las provincias con su capital, recordó sin inmutarse.
¿Alcanzarán sus sentidos y su pluma para transmitir, retratar, tanta vida, historia, cultura, diferencias, costumbres, sabores…? ¿Podrá con la metrópolis donde habitan más patrimonios de la humanidad, según la la lista de la Unesco?.

La duda es grande, Italia toda, con sus propios contrastes -de norte a sur y al interior de cada territorio- es un reto para cualquiera que pretenda compartirla con otros a través de sus percepciones, experiencias, conocimientos, gustos, inclinaciones políticas o religiosas.
Aquí el más mínimo paso resuena en el presente de la Europa comunitaria, pero también su pasado, es la misma Italia de grandes conquistas y de gladiadores, de Da Vinci y Miguel Ángel, de Garibaldi, de fascistas y partisanos, de Federico Fellini, Vitoria de Sica, de Marcelo Mastroniani y Sophia Loren, de Ferrari y Giorgio Armani, de Pavarotti y Laura Pausini, de
También de una derecha afianzada en el trono ante una izquierda dividida y debilitada, me cuenta un viejo periodista, quien no se asombra por el respeto que todavía despierta aquí en mucha gente Benito Mussolini (1922-1944), con un monumento en esta capital que le rinde tributo y que ningún gobierno ha logrado derribar.
A pesar del debate político recurrente y las propuestas de intelectuales o partidos de la oposición sobre qué hacer con los símbolos del fascismo, el Estado italiano ha optado por conservar y proteger el Obelisco del Foro Itálico con su inscripción Mussolini Dux como parte histórica y arquitectónica de la ciudad.

Es la Italia que gobierna la primera ministra Giorgia Meloni, la rubia elegante de excelentes relaciones con el presidente Donald Trump, pero que a la vez lo encara cuando debe defender el espacio nacional ante las apetencias imperiales estadounidenses de usarlo como base para sus ataques en el Medio Oriente.
La Meloni que, según encuestas, continuará con una fuerte pegada en las elecciones de 2027, pero que mira atenta los caminos de la oposición.
El partido Hermanos de Italia (FdI) que lidera encabeza la intención de voto con un 27 por ciento, señaló una encuesta de SWG publicada el 3 de agosto pasado para La7.
Le sigue el Partido Democrático (PD) con 20, que subió 1,5 puntos respecto a la estimación anterior, mientras el Movimiento Cinco Estrellas (M5S) cayó al 13 por ciento, 2,4 puntos menos.
En el sondeo realizado entre el 29 de julio y el 3 de agosto mediante entrevistas telefónicas y online a mil 200 personas (margen de error de ±2,8 por ciento), la coalición de gobierno, formada por FdI, La Liga de Salvini (LSP), Forza Italia (FI) y Nosotros Moderados, suma 40,9 por ciento frente al 43,8 de la anterior, lo que refleja un desgaste de 2,9 puntos.
La oposición de centroizquierda, con el PD, M5S y Alianza Verdes e Izquierda (AVS), alcanza el 40,1, recortando distancias.
Abrigo del Vaticano, sede del papa León XIV -sitio de veneración mundial del catolicismo-, de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), del Programa Mundial de Alimentos (PMA) y del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), la tercera economía de la Unión Europea -sólo por detrás de Alemania y Francia- y la octava del mundo, supera los anuncios de revistas y sitios turísticos en internet.
Sin duda, Italia es mucho más que su Coliseo, la Fontana de Trevi, la Capilla Sixtina, la Plaza de San Pedro, Florencia, la Torre de Pisa, Venecia, la pizza, el vino del Piamonte, su aceite de oliva extra virgen, el buen cine, la mafia, el fútbol y el divino gelato.
Y hay que estar aquí para descubrir esa realidad y otras. Más de un romano asegura que nunca ha podido pagarse una buena pasta en uno de los céntricos restaurantes de Roma, mucho menos si va acompañada de una copa de vino y del clásico tiramisú. Comentan que esos son atractivos para turistas con dinero e italianos de plata, mucha plata, que también de esos los hay muchos aquí.
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