El profesor Djenker Atila, director del proyecto, afirmó que en dos meses se sabrá si estos hallazgos corresponden a fragmentos del legendario navío bíblico.
Los trabajos se centran en la formación rocosa de Durupınar, a 28 kilómetros del Ararat, cuya silueta evoca un enorme barco de 164 metros de largo, equivalente a 300 codos, la medida descrita en el Antiguo Testamento.
Nuestro proyecto comenzó el 28 de junio de 2026. Hemos creado modelos 3D, puntos GPS y mapas, y realizamos sondeos con radares similares a los usados por la Fuerza Aérea de Estados Unidos, detalló el arqueólogo al medio.
El científico explicó que buscan evidencias subterráneas de madera o restos orgánicos que confirmen la forma de una embarcación.
Aunque los resultados finales llegarán en dos meses, los datos actuales ya son muy significativos, subrayó Atila.
Las imágenes revelaron vacíos y estructuras angulares que se cruzan en varios niveles y convergen hacia el centro de la formación geológica.
La presencia de anomalías y oquedades que se intersectan en ángulo recto plantea la interrogante de si podrían ser parte del navío, agregó el investigador.
El equipo ha extraído muestras de suelo y prevé recolectar alrededor de mil. Un dato relevante es que el carbono hallado en el interior de la formación es un 40 por ciento superior al de la superficie externa, lo que sugiere posibles restos de materia orgánica o madera.
Para el arqueólogo local Hakan Özkan, consultado por el diario, el incremento de carbono es un indicio «alentador pero no concluyente».
Hacen falta análisis de datación y estudios multidisciplinarios para evitar extrapolaciones, precisó el especialista, quien recordó que la llamada «anomalía del Ararat» fue fotografiada desde un avión militar estadounidense en 1949.
Según la tradición bíblica, Noé construyó el arca por mandato divino para salvar a su familia y animales del Diluvio Universal, y la embarcación habría encallado en los montes Ararat.
El proyecto actual, que emplea tecnología de punta, reaviva el debate entre creyentes y escépticos, mientras la comunidad científica espera los análisis definitivos para determinar si los ecos del radar revelan un hallazgo arqueológico sin precedentes o una singularidad geológica.
to/amp













