Las autoridades identificaron al sospechoso como Devin Ballard, de 20 años, destinado en la base aérea de Futenma, y lo acusan de estrangular a Anna Yagi, de 39 años, y sustraerle pertenencias en un hotel de Naha.
Ballard negó los cargos, aunque fue visto entrando con la víctima al lugar; agentes de la policía lo detuvieron posteriormente en el distrito de ocio de la ciudad, en la noche de sábado.
El gobierno japonés presentó la víspera una protesta ante Washington, en la cual califica el crimen de brutal y atroz.
La primera ministra, Sanae Takaichi, consideró el hecho sumamente lamentable, mientras el canciller Toshimitsu Motegi convocó al embajador estadounidense, George Glass, para exigir cooperación plena en la investigación y medidas disciplinarias.
El ministro de Defensa, Shinjiro Koizumi, también protestó ante el comandante de las Fuerzas Estadounidenses en Japón, Stephen Jost.
Glass ofreció condolencias al gobernador de Okinawa, Genta Koja, quien denunció la tremenda conmoción causada entre residentes que conviven con bases militares estadounidenses.
El incidente reavivó el malestar histórico por delitos cometidos por personal militar en la prefectura en la que se concentra la mayor presencia estadounidense en Japón.
Okinawa acoge aproximadamente el 75 por ciento de las instalaciones militares de Estados Unidos establecidas en esta nación asiática.
Durante décadas, los pobladores japoneses se han quejado de problemas como el ruido, la contaminación o diversos delitos cometidos por militares norteamericanos, entre ellos, una serie de casos de agresiones sexuales contra mujeres nacionales.
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